Indice
1 Primer capitulo: Introducción a la posmodernidad
1.1 Posmodernidad
1.1.1 Proceso histórico
1.2 La
posmodernidad es…
1.2.1 La posmodernidad en síntesis
1.3 Zygmunt Bauman
1.3.1 Publicaciones
1.3.2 Influencias
1.3.3 Pensamiento
1.3.3.1 Bauman el filósofo líquido
1.3.3.2 La modernidad líquida
1.3.3.3 Redirección de la licuefacción
Primer
capitulo:
Introducción
a la posmodernidad
“La
modernidad prometió liberarnos del fanatismo, la indigencia y la ignorancia,
por medio de los poderes cruzados de la ciencia, la industria y el comercio,
pero nos ha sometido a las nuevas deidades de la técnica y la economía: trágica
dependencia de la que no saldremos fácilmente. Hemos cambiado unas cadenas por
otras más pesadas”
Mercedes
Garzón Bates
Primer capitulo
1 Introducción a la posmodernidad
1.1 Posmodernidad
Si pretendemos hablar del
hombre actual es necesario primero situarlo en un espacio de tiempo concreto,
es decir, el hombre va cambiando a través de la historia. Para conocer a la
sociedad y al hombre actual es necesario primero observar el mundo y época en
la que vive, estoy hablando de la posmodernidad.
1.1.1 Proceso
histórico
El hombre posmoderno se ve
como defraudado, pues primero la edad media le prometió la plenitud con una
religión, pero eso sólo le trajo guerras; después vino la modernidad que con la
bandera del progreso prometió la plenitud y el bienestar con la mera fuerza del
hombre mismo, es decir con la razón, pero esto no trajo una sino dos guerras
mundiales. Ya nos dice Mercedes Garzón Bates en su libro letal, obsesiones de la posmodernidad “La modernidad prometió
liberarnos del fanatismo, la indigencia y la ignorancia, por medio de los
poderes cruzados de la ciencia, la industria y el comercio, pero nos ha sometido
a las nuevas deidades de la técnica y la economía: trágica dependencia de la
que no saldremos fácilmente. Hemos cambiado unas cadenas por otras más pesadas”[1].
Entonces al darse cuenta de la
insuficiencia de aquello que la modernidad le prometía, que ese progreso, lo
único que estaba creando eran las superestructuras como las llamaba Marx, que marcaban
cada vez más la diferencia entre los hombres, el ser del hombre cada vez se
enajenaba más, la relación entre los hombres se convertía meramente en algo
económico, fue ahí donde surgió la revolución francesa con su grito de guerra:
libertad, igualdad y fraternidad.
El conocimiento científico se intenta
absolutizar, pero es desenmascarado, descubriéndose insuficiente para explicar
exhaustivamente la realidad; la esperanza puesta en la tecnología se veía
defraudada volviéndose en contra del mismo hombre con las guerras y la bomba en
Hiroshima. Las utopías sociales de sociedades igualitarias liberadas de
cualquier tipo de esclavitud autoritaria, suscitaron un Estado totalitario. El
hombre cayó en un tipo de ateísmo humanista y cientificista, incluso hasta
político, donde ya no cree en el gobierno, ni en la ciencia, ni en su propia
razón; no cree que le traerán esa plenitud que siempre ha andado buscando, cayó
en un estilo de nihilismo nietzscheano, donde ya nada tiene sentido, y es así
como el hombre entra a lo que llamamos posmodernidad.
1.2 La posmodernidad es…
Pero ¿Qué es posmodernidad? En realidad hoy en día como
muchas otras cosas, depende de a quién se lo preguntes. Pero la mayoría parecen
estar de acuerdo con Lyotard que parafraseándolo un poco nos dice que no es un
tiempo concreto, ni un pensamiento, ni consecuencia a la modernidad, es más
bien una condición humana. También parafraseando a Gianni Vattimo explicamos
que no le sigue a la modernidad, sino que surge como reacción a ella. ¿Y que
encontramos en ella? Haciendo propias algunas palabras de Mardones podría decir
que mientras en la modernidad era la época de la razón y del saber fuerte y concreto,
en la posmodernidad sólo existen conocimientos débiles, donde reinan el
pluralismo, el fragmento y la diferencia.
Un hermeneuta llamado conde
Gaxiola Napoleón en un libro que titula Ensayos
sobre hermenéutica analógica nos explica que el término posmoderno fue
utilizado por primera vez por un arquitecto anglosajón llamado Charles Jencks
en los años setentas para caracterizar a los edificios de la modernidad tardía,
algún tiempo después los pensadores franceses, especialmente Lyotard, Guattari,
Deleuze, Foucault, entre otros, lo utilizan para nombrar su pensamiento
vanguardista en contra de la racionalidad, productividad y positivismo,
escogiendo en cambio el hedonismo, el placer, el erotismo, un rechazo a toda
alteridad, responsabilidad y compromiso.
1.2.1 La posmodernidad en síntesis
Gaxiola Napoleón también nos
ayuda proponiendo las principales características del hombre en esta
posmodernidad tan complicada.
Epistemológicamente.
La posmodernidad niega todo tipo de referencia, naturaleza, sustancia y
esencia. Se critica todo tipo de fundamentación. Son grandes enemigos de la
analogía y de la existencia de los universales. Están completamente en contra
de toda teleología y de cualquier arquitectura de pensamiento, queriéndose
quedar en lo superficial, lo individual, lo inmediato, lo práctico, lo útil, en
el exceso.
Antropológicamente. La
posmodernidad niega toda trascendencia y el hombre se queda instalado en la
inmanencia. Solamente se vive el presente rechazando por completo todo tipo de
escatología. El modelo de ser humano es erotizante, inmediatista, hedonista y
se opone a todo proyecto histórico aferrado a vivir sólo el presente. Es una pluma arrastrada por los vientos de
acumulación monetaria, del poder sin límites y de la seducción infinita. Su
estrategia de vida y de plenitud es el dinero, el aplauso, el narcisismo, la
vida fácil y la sexualidad ilimitada.
Psicológicamente.
La vida del hombre posmoderno está instalada en el principio del placer, el
principio de realidad se ha convertido en un mero soporte decorativo, el
inconsciente incluso se dice, es más fuerte que el propio conciente, lo
imaginario sobre lo simbólico, el narcisismo sobre la solidaridad, el egoísmo
sobre la alteridad, el amor propio sobre el amor al prójimo, el deseo sobre la
necesidad, la soberbia sobre la piedad, el orgullo por arriba de la
misericordia y la petulancia sobre la gracia.
Éticamente. La
sociedad posmoderna no persigue el bien común y pregonan a diestra y siniestra
una ética indolora, es decir, una ética sin obligaciones, que no cause ningún
dolor o sufrimiento. Tal y como dice Lipovetsky, una ética del amor propio
donde se establezca el primado de lo propio sobre los demás. Una ética débil al
estilo de Vattimo donde lo único válido es la relativización y la sutileza,
dentro de un esquema frágil, blando, tenue, endeble y lánguido. Donde un acto
que es fundamentalmente malo, como lo es el asesinato, se defiende y es
éticamente aceptado en ciertas partes, pues es la solución a la molestia he
incomodidad de un individuo (el aborto, la eutanasia).
Sociológicamente.
Las sociedades actuales carecen de todo proyecto, No tienen ningún vínculo con
los excluidos, y los vínculos interpersonales son cada vez más superficiales,
son sociedades asóciales. El individuo tolera al otro, no forma una comunión
con él. Hay una cierta incredibilidad al gobierno. El hombre actual no se
somete al consenso de la colectividad y en vez de respetar el principio de la
mayoría sobre la minoría pareciera que lucha por ser parte de una minoría,
siempre intentando escapar de la masa.[2]
“La posmodernidad es el predominio de la diferencia sobre la identidad,
de la irracionalidad sobre la racionalidad, de la ilusión sobre la esperanza,
de la disyunción sobre la conjunción, de lo sintagmático sobre lo
paradigmático, de la metáfora por encima de la metonimia, de lo equívoco sobre
lo analógico. En síntesis, es el malestar de nuestra época. La ausencia de fe y
de una moralidad sana”[3].
El hombre dio un salto a
finales de la modernidad creando así lo que llamamos posmodernidad. Saltó del
exceso del racionalismo, es decir el absolutizar la razón concibiendo como
verdadero sólo aquello científica y técnicamente comprobable (sólo lo
material), al irracionalismo donde pareciera que cae en un nihilismo donde ya
nada tiene sentido, todo da igual siempre y cuando sea útil (pragmatismo). Este
salto lo explica el sociólogo Zygmunt
Bauman como el paso de lo sólido a lo líquido, pero antes de adentrarnos en su
filosofía conozcamos un poco más sobre él.
1.3 Zygmunt Bauman
Bauman nace en Poznan Polonia
en 1925. Es miembro de una familia de judíos no practicantes que tuvieron que
emigrar a Rusia cuando los nazis invadieron Polonia. En la contienda, Bauman se
enroló en el ejército polaco, controlado por los soviéticos, cumpliendo
funciones de instructor político. Durante sus años de servicio comenzó a
estudiar sociología en la Universidad de Varsovia, carrera que tuvo que cambiar
por la de filosofía, porque los estudios de sociología fueron suprimidos por
"burgueses". En 1954 finalizó la carrera e ingresó como profesor en
la Universidad de Varsovia, en la que permanecería hasta 1968.
1.3.1 Publicaciones
En una estancia de estudios en
la prestigiosa London School of Economics,
preparó un relevante estudio sobre el movimiento socialista inglés que fue
publicado en Polonia en 1959, y luego apareció editado en inglés en 1972. Entre
sus obras posteriores destaca Sociología para la vida cotidiana (1964),
que resultó muy popular en Polonia y formaría luego la estructura principal de Pensando
sociológicamente (1990).
En 1992 recibió el premio Amalfi de Sociología
y Ciencias Sociales, y en 1998 el premio Theodor W. Adorno otorgado por la
ciudad de Frankfurt; hoy en día ha escrito 57 libros y más de 100 ensayos y actualmente
trabaja en un cortometraje.
1.3.2 Influencias
Bauman es influido
por Gramsci, su pensamiento tiene claros tintes marxistas. Sus obras de finales
de los 80 y principios de los 90 analizan las relaciones entre la modernidad,
la burocracia, la racionalidad imperante y la exclusión social. En acorde con
Sigmund Freud, piensa en la modernidad europea como el producto de una
transacción entre la cesión de libertades y la comodidad para disfrutar de un
nivel de beneficios y de seguridad. Es decir que el hombre se enajena renunciando
a su libertad perdiéndose en muchas cosas como por ejemplo en el trabajo, para
poder formar parte de un grupo social con ciertos beneficios.
1.3.3 Pensamiento
Según Bauman, la
modernidad en su forma más fuerte requiere la disolución de dudas e incertidumbres, contando con la razón para
hacer esto. Necesita de un control sobre la naturaleza, de una jerarquía
burocrática y de más reglas y regulaciones para aparentar que los aspectos
caóticos de la vida humana están organizados y son familiares, sin embargo,
estos esfuerzos no dan el efecto deseado, y cuando la vida parece que comienza
a circular por carriles predeterminados, siempre aparece algún grupo social que
no encaja en los planes previstos y que no puede ser controlado.[4]
Siguiendo la sociología de Georg Simmel y en
Jacques Derrida, Bauman describió al "extranjero" como aquel que está
presente pero que no nos es familiar, y que por ello es socialmente
impredecible. En Modernidad y ambivalencia, Bauman describe cómo la sociedad
es ambivalente con estos individuos extraños, ya que por un lado los acoge y,
admite cierto grado de extrañeza o diferencia en los modos y pautas de
comportamiento, pero por dentro se esconde el temor a los personajes
marginales, no totalmente adaptados, que no viven por completo las normas
comunes; pues estos son quienes pueden crearle problemas a las superestructuras,
y logran hacer los grandes cambios o los grandes problemas, dependiendo de que
lado se mire.
En su obra más
conocida, Modernidad y holocausto, sostiene que el holocausto no debe
ser considerado como un hecho aislado en la historia del pueblo judío, sino que
debería verse como un último intento donde la modernidad trata de generar un
orden máximo y absoluto escudándose en el “progreso”. La racionalidad como
procedimiento, la división del trabajo en tareas más diminutas y
especializadas, la tendencia a considerar la obediencia a las reglas como moral
e intrínsecamente bueno, tuvieron en el holocausto su grado de incidencia para
que éste se pudiera realizar. Los judíos se convirtieron en los
"extranjeros" por excelencia, y Bauman afirma que los procesos de
exclusión y de descalificación de lo no catalogable y controlable siguen aún
vigentes.
En la actualidad las
instituciones y organismos sociales no tienen tiempo de solidificarse, no
pueden ser fuentes de referencia para las acciones humanas y para planificar a
largo plazo. Los individuos se ven por ello llevados a realizar proyectos
inmediatos, a corto plazo, dando lugar a episodios donde los conceptos de
carrera o de progreso puedan ser adecuadamente aplicados, siempre dispuestos a
cambiar de estrategias y a olvidar compromisos y lealtades en pos de
oportunidades fugaces.[5]
1.3.3.1 Bauman el filósofo
líquido
Aunque él es
frecuentemente mencionado como un pensador "postmoderno", no es así,
pues él mismo no cree en el concepto de posmodernidad; así como tampoco
comparte la noción de "modernidad" vs. "postmodernidad",
pues dice que las dos coexisten como dos
lados de la misma moneda, usando los conceptos de modernidad "sólida"
y "líquida", este siendo uno de sus mayores aportes a la sociología
actual.
¿Por qué utilizar la palabra líquido? La respuesta está
en su característica de fluidez que “en lenguaje simple, implica que los
líquidos a diferencia de los sólidos, no conservan fácilmente su forma. Los
líquidos no conservan su forma durante mucho tiempo y están constantemente
dispuestos a cambiarla. Usando esos conceptos justifica su terminología para
hablar de una modernidad líquida, es decir que la posmodernidad no es ajena a
la modernidad sino la licuefacción de ella, acuñando la expresión “derretir los
sólidos” usada desde hace un siglo y medio por los autores del manifiesto comunista, refiriéndose a la
necesidad de derretir las superestructuras sólidas, para poder crear un cambio.
1.3.3.2 La modernidad líquida
Este cambio se da al derretir o deshacer las estructuras
que teníamos ya establecidas, pero no debemos perder de vista cual era la
intención detrás de este derretir sólidos, no era el acabar con ellos
definitivamente para liberar el mundo de su opresión como podríamos pensar,
sino se pensaba derretir y destruir los sólidos actuales pues estos eran
defectuosos y deficientes, para cambiarlos por unos mejores. El pobre seguía
cada vez más pobre y el rico cada vez más rico, el Estado se volvía
monstruosamente poderoso, la economía se devoraba al hombre a grandes mordidas
y mientras quienes estaban en control se fortalecían, el pueblo sufría cada vez
más. Pero se quería eliminar todo ese sistema sólido, para simplemente ser remplazado por otro, uno
que nos llevara hacia el bienestar social, que asegurara la plenitud del hombre
y el progreso que tanto le había sido prometido.
“Derretir los
sólidos significaba, primordialmente, desprenderse de las obligaciones
“irrelevantes” que se interponían en el cambio de cálculo racional de los
efectos”[6] tal y como dice Weber,
liberar la iniciativa comercial de los grilletes de las obligaciones domésticas
y de la densa trama de los deberes éticos, Thomas Carlyle, lo complementa
agregando que lo debía liberar de todos los vínculos que condicionan la
reciprocidad humana y la mutua responsabilidad, conservar tan sólo el nexo del
dinero. Dicho en otras palabras la gente estaba cansada de que las estructuras
pensaran y decidieran por ellas, querían ser (como se manifestó en la
revolución francesa) libres, iguales y fraternos. Las clases sociales eran
determinantes (no es que ya no lo sean) y si nacías como parte del proletariado
ahí morirías y no tenías esperanza de algún día llegar a ser un capitalista.
Para eliminar esto
era necesario eliminar todo los lazos que ataban a la economía con el hombre,
la obligación, la ética, la correlacionabilidad, la responsabilidad; pero estas
ideas necesitaban derretirse para reinterpretarse a como las vemos hoy, pues,
por ejemplo, el día de hoy si hablamos de obligaciones forzosamente hablamos de
derechos, en una empresa tengo la responsabilidad de trabajar, pero ella tiene
la responsabilidad de darme las prestaciones de la ley, etc. cosas que en
aquellos tiempos no existían.
El problema fue,
que, parecido a cuando se intenta cambiar la cadena a un perro, inmediatamente
al quitarle la cadena, aunque mi intención sea colocarle otra, el animal corre
libre sin cadena que limite su camino; así sucedió pues al disolver los sólidos
juntamente con la exaltación de la economía, esta en cuanto se vio libre de
sus tradicionales ataduras políticas,
éticas y culturales, la fiera que es la economía salió corriendo libre para
hacer del hombre lo que quiso, creando como ya lo había advertido Weber una
racionalidad instrumental y sentando un nuevo orden, definido primariamente en
términos económicos.
A diferencia de la mayoría de los casos, este efecto tan
nocivo no fue consecuencia de un gobierno dictatorial, ni de una subordinación,
no de la opresión o esclavitud. Más bien todo lo contrario, esto sucedió por la
disolución de las ataduras acusadas ya sea justa o injustamente, de limitar la
libertad individual de elegir y actuar. De pronto esta licuefacción o
disolución de líquidos se nos sale de control y ahora todo es sometido a ello,
incluso cuestiones trascendentales universales por naturaleza, son tomadas de
manera personal y subjetiva.
1.3.3.3 Redirección de la licuefacción
La razón de esta
licuefacción a gran escala es la redirección de esta disolución de sólidos,
pues al todo ser considerado bajo la lupa de lo económico/ útil, la disolución
se ha redirigido. Teniendo en cuenta que en este tiempo también es cuando se
dio el salto de la racionalidad a lo irracional; todo aquello que quiere
establecer un orden, todo aquello que quiere ser racional o crítico es visto
con desconfianza y rápidamente sometido a esta licuefacción.
Es decir, esa
disolución de sólidos que fue el rasgo permanente durante casi toda la
modernidad, ha adquirido un nuevo significado y ahora ha sido redirigido hacia
las fuerzas que podrían mantener el tema del orden y del sistema dentro de la
agenda política y social. Los sólidos que derrite la sociedad liquida no son
los mismos que derretía la modernidad sólida, ahora se derriten los vínculos
entre las elecciones individuales y los proyectos y acciones colectivos,
aislando así al hombre cada vez más en una realidad superflua, individualista, light, hedonista, irracionalista y
nihilista.
[1] Mercedes Garzón Bates “Letal, obsesiones de la posmodernidad”
1era. Edición, 2005, Editorial Torres asociados, México DF. Pág. 60
[2] Conde Gaxiola Napoleón “Ensayos sobre Hermenéutica
Analógica” en <<Analogía
filosófica>> especial 15, México: 2004 Pp. 13-34.
[5] Biografías
y vidas “Zygmunt Bauman” Disponible en: http://www.biografiasyvidas.com/biografia/b/bauman.htm
revisado por última vez el 30/11/11
[6] Zygmunt Bauman “Modernidad Liquida”. Fondo de
cultura económica, tercera reimpresión Argentina 2004. Pág. 10
Bonita entrada, gracias
ReplyDelete