Monday, August 20, 2012

Segundo Capitulo: Sociedad Líquida


Indice

2          Segundo Capitulo: Sociedad Líquida                                              
           
2.1      Comunidades de guardarropa                                                    

2.2      Paranoia social                                                                              

2.3      Extraños conociendo a extraños                                                

2.4      El infinito momentáneo                                                                

2.5      ¿Progreso?                                                                                    

2.6      La incertidumbre como causa de la individualización                       

2.7      Empleo en extinción                                                                     

2.8      Concluyendo…      





Segundo Capitulo:

Sociedad Líquida 





La esencia de la civilidad, es la capacidad de interactuar con extraños sin atacarlos por eso y sin presionarlos para que dejen de serlo (…) Si no es posible evitar toparse con extraños, al menos podemos evitar tratar con ellos
Zygmunt Bauman

















Segundo Capitulo
2     Sociedad Líquida


2.1    Comunidades de guardarropa

Ya hablamos de cómo la modernidad líquida (posmodernidad) se aferra en licuificar aquellas cosas que se veían como sólidos en la modernidad. Pues en este sentido el hombre se encuentra sin algo sólido que le de un verdadero sentido de dirección, de seguridad, de permanencia, o incluso una ideología clara. Siguiendo con la analogía de Bauman, las sociedades son cada vez más líquidas, cambiantes, volátiles, fluidas. Bauman al hablar de las comunidades actuales nos dice “Las comunidades tienden a ser volátiles, transitorias, “monoaspectadas” o “con un solo propósito”. Su tiempo de vida es breve y lleno de sonido y de furia.”[1] En la modernidad algo era valorado cuando era perdurable, cuando estaba sólidamente establecido, de manera que a futuro siga estando ahí. En la modernidad líquida es totalmente lo contrario, algo es considerado bueno mientras más dispuesto al cambio, mientras más adaptable y transformable sea, mientras menos aferrado al tiempo sea, mejor. Lo mismo pasa con la sociedad.

Al todo estar en constante cambio, el hombre se ve forzado a aprender a adaptarse a todo. No existen movimientos sociales fijos; como en el mar, hay distintas corrientes por las cuales somos forzados a aprender a navegar. Es mucho más fácil, menos dramático y más inteligente, no ir en contra de la corriente. Es mejor aprender a dejarse llevar por la corriente y esperar que esta nos lleve a donde queremos ir. Y cuando no existe ningún sólido a donde arribar, no importa a donde te lleve la corriente, de cualquier manera nunca dejarás de estar en el mar.

            Bauman habla de las comunidades de guardarropa, donde nos ponemos el traje que necesitamos para fluir con cierto fenómeno social, o cierta actividad, pero que es simplemente uno de los trajes que el hombre usa para navegar en estas corrientes sociales, lo explica con este ejemplo:

Los asistentes a un espectáculo se visten para la ocasión, ateniéndose a un <código de sastrería> distinto de los códigos que siguen diariamente –situación que simultáneamente diferencía esta ocasión como “especial” y hace que los espectadores presenten, dentro del teatro, un aspecto más uniforme que fuera de él-. La función nocturna es lo que los ha atraído a todos, por diversos que sean sus intereses y pasatiempos diurnos. Antes de entrar al auditorio, todos dejan los abrigos que usaban en la calle en el guardarropa de la sala. Durante la función, todos los ojos están fijos en el escenario, que concentra la atención. La alegría y la tristeza, las risas y el silencio, los aplausos, los gritos de aprobación y los jadeos de sorpresa están sincronizados –como si estuvieran guiónados y dirigidos-. Sin embargo, cuando cae el telón, los espectadores recogen sus pertenencias en el guardarropa, vuelven a ponerse sus ropas de calle y retoman sus diferentes roles mundanos, para mezclarse poco después con la variada multitud que llena las calles de la ciudad de las que emergieron horas antes[2].

Al hombre viviendo en la sociedad líquida actual no le quedó más opción que adaptarse al cambio, la única manera de lograr esto es no aferrarse a nada, no invertirse completamente a nada, ser parte de la sociedad sin en verdad ser de ella. Las corrientes sociales, las comunidades a las cuales pertenecer, son muchas y si no estás dispuesto al cambio, te vez forzado a vivir sólo en una, cosa que es bastante reprobable en la sociedad líquida. Por lo cual tal y como vemos en el ejemplo, todos se quitan el abrigo que utilizan diariamente para estar uniformados con todos los demás. Así los hombres se uniforman para pertenecer a cierta realidad o comunidad. No sólo físicamente, sino en su manera de hablar, de pensar, de actuar etc. pareciera que el proverbio es, “si no eres, parece”. 

Otro ejemplo son también los espectáculos, pensemos en un partido de futbol, un concierto, una obra de teatro. Donde todos juntos viven una realidad, y por unos momentos, todos ríen, gritan, lloran, se exaltan y tranquilizan al mismo tiempo. Todos dejan de ser hombres y mujeres distintos y se convierten en fans de un artista, o aficionados del mismo equipo. Dejan sus realidades diferentes para formar parte, momentáneamente de una realidad común. De esta manera vivimos realidades junto con los demás, que mientras duran (lo cual no es mucho tiempo)  simulan una comunidad homogénea, pero en cuanto el espectáculo termina, todos toman sus abrigos (aquello que los hace diferentes a los demás) de nuevo y vuelven a ser tremendamente distintos.

Como dijimos anteriormente, en el mar de la sociedad líquida existen muchas corrientes, y cada corriente es una realidad dentro de otra, que une a las personas momentáneamente, sin lograr una verdadera comunión. Pero aunque no logran unir a las comunidades permanentemente son importantes, pues logran que en un mundo donde todos son tan diferentes, donde el ser individual es elevado sobre el ser comunitario; al atraer el interés de diferentes individuos, los reúne durante cierto tiempo en donde sus demás intereses,  los mismos que los separan, son temporalmente dejados de lado, silenciados o ignorados. Entonces de alguna manera estos espectáculos sociales unen al hombre y logra hacer que pongan sus diferencias de lado, al menos por un momento.

Una razón por la cual estos fenómenos sociales son tan llamativos, tan populares, son por aquello que ofrecen. En la modernidad se luchaba mucho por la causa común, mucho se hizo por intentar que todos vivamos unidos, por establecer sociedades universales, por decirlo así; cosa que ciertamente jamás sucedió. En la modernidad líquida esto ya no tiene sentido por lo que las sociedades de guardarropa “ofrecen un respiro temporario del tormento de la solitaria lucha cotidiana, de la agotadora situación de los individuos, convencidos u obligados a arreglarse solos con sus problemas. (…) Quiebran la monotonía de la soledad diaria, y que, como todos los carnavales, dan canalización a la tensión acumulada, permitiendo que los celebrantes soporten la rutina a la que deben regresar en cuanto acaban los festejos[3].

Entonces el hecho de que estas sociedades de guardarropa existan, nos habla de una necesidad del hombre por cohabitar con los demás. Es verdad que esta cohabitación no es plena y es meramente momentánea, pero sí nos habla de esa insatisfacción de vivir solos. La sociedad líquida nos impulsa y hasta coacciona a vivir separado de los demás. Ha intentado desesperadamente licuificar toda atadura fija con los demás, pero sin éxito. Pues el hombre tiene la necesidad del otro, tiene una necesidad de formar parte de una comunidad sólida, de una correlación real con los demás, y las sociedades de guardarropa son, aunque no una solución a ello, si una manifestación de esa necesidad.  


2.2    Paranoia social

Una de las cosas que caracteriza nuestra sociedad liquida (la sociedad actual) es su gran paranoia. Bauman maneja un ejemplo muy claro. El hace referencia al programa de televisión “Big Brother” y dice que así es como vivimos actualmente, con un miedo a ser nominados, con un terror a ser desechados, con la creencia de que solamente uno es quien podrá ganar, con la constante preocupación de que aquellos con los que vivo sean quienes me expulsen.  La sociedad liquida es una sociedad de competencias, donde aquel que logra superar las pruebas mejor que los demás es promovido y su estatus esta seguro, pero aquel que no lo logra es expulsado, rechazado y marginado. Luchamos conciente o inconcientemente todos los días para permanecer en el juego mientras la constante paranoia de que aquellos con quien comparto mi mundo son los que intentan deshacerse de mi.

Por lo tanto vivo con los demás, pero al mismo tiempo siempre intento superar a los demás, pues en este mundo es cada quien por si sólo. Pero al mismo tiempo como en el programa ya mencionado las nominaciones se hacen en secreto, el rechazo no es público. Mientras estoy con los demás somos un “nosotros” pero en cuanto dejo de estarlo me convierto en simplemente yo contra ellos. Las expulsiones reales se ven al notar que el medico joven reemplaza al que tiene más experiencia, cando observamos las élites y las sociedades altas en comparación con la cada vez mayor clase baja, cuando aquel que tiene más contactos supera al que tiene más merito, cuando todos estudian una carrera pero pocos logran ejercerla. Pues así como el juego todo requiere de estrategia y la astucia se ha convertido más importante que el desempeño, la honestidad, la antigüedad o incluso que el ser merecedor de algo.

Y así tenemos que todo lo que se obtiene se tiene miedo de perder, pues nunca se esta del todo seguro, siempre se vive con el miedo de ser nominado. En este sentido entonces no es raro darnos cuenta que la seguridad se vuelve algo sumamente importante y hasta se podría decir indispensable en la sociedad liquida. Aquellos que lograron superar las pruebas y sobrevivir las expulsiones se agrupan para seguir compitiendo. Pero esas agrupaciones  temen que aquello que han ganado (su lugar en la sociedad) les sea arrebatado. Así que forman pequeñas comunidades “seguras” donde sólo unos cuantos selectos tienen el privilegio de entrar. “se busca lo utopia de una buena “comunidad” donde los que logran habitar en ellas, se conocen, se respetan hasta cierto punto y sobre todo se reservan el derecho de admisión. Son como fortalezas medievales que protegen su estilo de vida[4]

Dentro de estas fortalezas “la comodidad y la satisfacción de necesidades impuestas por las modas parecen ser la mayor norma[5] por lo que encontramos comunidades, con centros recreativos que incluyen actividades como el tenis, el golf, la pesca, el paseo en yate he incluso la casería. Con gimnasios privados con las más actuales maneras de permanecer en forma, desde el spinning y la zumba hasta yoga y pilates incluyendo por supuesto las más actuales modas hollywoodenses para mantenerse en forma. Contienen también los centros comerciales con las tiendas de moda más actuales y extravagantes. Los spas con las terapias más innovadoras para relajarse después de un arduo día de trabajo. Los restaurantes más finos y por supuesto que muchas áreas verdes y espacios vacíos listos para ser llenados por cualquier nueva “necesidad” que las modas les dicten.

Ahora el rechazo a los demás como ya habíamos mencionado no se da cara a cara, no es directo sino que se establecen ciertos filtros para asegurarse que solo cierto tipo de gente pueda habitar ahí, gente con la que los habitantes están dispuestos a compartir su espacio. “Uno de los mayores filtros es el estatus social, No es que corran a la gente de sus “comunidades” pero la vida en esos lugares requiere cierto ingreso[6] ingreso que por supuesto esta muy por enzima de lo que la gran mayoría de la gente puede pagar, así asegurando que sólo unos cuantos puedan en realidad ser parte de estas comunidades.

Pero en estas comunidades la paranoia no deja de existir pues siguen compitiendo en la sociedad. Pero como era de esperarse no todas sus metas son alcanzadas, en veces son humillados y muchas otras simplemente fracasan; y como ha pasado siempre, como todo buen paranoico busca como desligarse de la responsabilidad del fracaso y trata de encontrar a quien culpar. “En la edad media se culpaba a las brujas, los incubos, los duendes malignos, etc. pero ahora estos se han convertido en los vagos, los maleantes, los cholos, etc. que aunque no estén presentes en sus “comunidades” logran ser los causantes de toda desgracia que en ella sucede. Son la representación del miedo siempre existente a la clase inferior[7]. Las personas que viven en estas “comunidades” temen a que este estilo de vida les sea arrebatado, por lo cual los vagos, cholos y demás son el perfecto chivo expiatorio, pues todo problema social se le puede adjudicar a ellos; la violencia, los robos, la inseguridad, el alto nivel de crímenes etc. todos son culpa de aquellos de los cuales ellos tanto intentan de protegerse.

Esto lo único que hace es alimentar esa paranoia por el otro, creando un miedo sin fundamentos que no sólo impulsa a estas comunidades a filtrarse cada vez más, sino a rechazar cada vez con más severidad a los que quedaron afuera y al mismo tiempo fomenta que los de afuera acepten un rol que les es impuesto, es decir no todos los vagos son ladrones,  mal vivientes y maleantes, pero si la sociedad los juzga como tal y los introduce en ese rol, llegara el momento que algunos aunque no tenían la intención de hacerlo simplemente lo asuman, a final de cuentas todos queremos tener un rol en la sociedad por más vano que este sea.

Bauman menciona a un sociólogo contemporáneo llamado Zukin que nos dice que “los votantes y las elites podrían haber elegido aprobar las políticas del gobierno destinadas a eliminar la pobreza, controlar la competencia étnica e integrar a todo el mundo a través de instituciones públicas comunes. En cambio, eligieron comprar protección[8] esto refleja lo que Zukin llama “la política del miedo cotidiano” donde se nos pinta un espectro de las calles como lugares inhóspitos y completamente inseguros donde nadie debe andar a solas.

Esto lo único que hace es alejar a la gente de los lugares públicos  donde pueden compartir su vida con los demás. Preferimos estar en el confort y la “seguridad” de nuestra propia casa. Esas murallas en las “comunidades” de las que hablábamos, donde paranoicamente nos tratamos de proteger de los intrusos con cámaras, guardias, casetas de vigilancia, seguridad privada etc. no sólo los mantiene a ellos afuera, sino también nos retiene a nosotros adentro, se convierten en nuestras cárceles las cuales aceptamos felizmente “Estamos tan preocupados por la seguridad que la cambiamos por la libertad, preferimos sentirnos seguros que sentirnos libres[9].

Vivimos en estas “comunidades” queriendo proteger lo que tenemos y así poder vivir en armonía con los demás. Pues si todos estamos seguros, todos estaremos felices, y finalmente la seguridad es algo que nos ayuda a todos. Son sólo algunas de las justificaciones que nos damos. Creemos vivir en comunidad pero sólo con aquellos que nosotros creemos merecedores de vivir con nosotros. Ponemos bardas y rejas para proteger nuestra convivencia comunitaria, para sentirme seguro mientras salgo al parque a convivir con los miembros de mi comunidad. Pero una comunidad no puede ser sólo de algunos o pierde todo sentido. Y comenzamos a vivir como en los tiempos medievales, encerrados en fortalezas aislados del exterior. “Es un paradigma, queremos una utopia de vida en comunidad, pero no aceptamos a todos los que existen en ella. Creemos vivir en comunidades cuando en realidad vivimos aislados, tras nuestras bardas, cámaras, guardias de seguridad, rejas y demás cosas creadas para, valla la contradicción la vida de la comunidad[10].

2.3    Extraños conociendo a extraños

            Según la definición clásica de Richard Senett, que nos proporciona Bauman en su libro modernidad liquida una ciudad es <un asentamiento humano en el que los extraños tienen probabilidades de conocerse>”[11] pero en nuestra sociedad ese es exactamente el problema, no es un lugar de encuentro entre dos personas, sino entre dos extraños, que después de encontrarse no dejan de ser extraños.

El conocer a un extraño no significa que deje de ser extraño, aunque esto suene contradictorio; si lo pensamos un poco nos damos cuenta que tiene mucho de verdad. Hay muchos lugares donde los extraños se encuentran, en las plazas, en los cines, en las calles,  en fin.  Sin embargo mucha de esa gente que aunque tratamos con una “civilidad” aprendida desde pequeños, no dejan de ser personas desconocidas para nosotros.  Nos topamos con muchísima gente todos los días sin que estas en verdad entren en nuestra vida, ya sea por que los encuentros son demasiado cortos o por que simplemente no existe un verdadero interés por conocerse. Sin embargo nos han enseñado a saludar, a decir buenos días y buenas tardes, gracias y por favor, etc. Es decir nos han enseñado reglas de cómo convivir “civilmente” lo cual hace más placentero el encuentro entre desconocidos.

Todo está en esta “civilidad”, esa habilidad incrustada en nuestras mentes, que ciertamente en sí no es mala, pero no es suficiente para en verdad conocer a la otra persona; sino al contrario, funciona como una barrera que no deja que la otra persona entre, un cierto tipo de máscara donde todos actuamos como personas políticamente correctas, sin actuar como nosotros mismos, impidiendo así que se nos conozca. Pero surge de una necesidad; queremos vivir en comunidad pero al mismo tiempo queremos estar protegidos de los otros, necesitábamos una manera de poder “convivir” pero al mismo tiempo no dejar que el otro se me acerque demasiado. La solución perfecta es el ser “civiles” pues así más que convivir con el otro, interactuamos con el otro; “La esencia de la civilidad, es la capacidad de interactuar con extraños sin atacarlos por eso y sin presionarlos para que dejen de serlo[12].

Por lo tanto los lugares públicos, entre más civiles sean más ayudan a proteger mi espacio del de los demás; con esto me refiero a que la gente no se amontona y trata de evitar cualquier tipo de contacto físico. Puede haber mucha gente en un banco sin jamás pasar a ser un “nosotros” entre ellos, todos están debidamente formados a una distancia considerable el uno del otro; son muchos “yos” más nunca un nosotros. Las conversaciones en este tipo de lugares jamás son profundas o significantes,  he incluso en la mayoría de los casos, evitadas. Interactúo con ellos por que es necesario que lo haga pero cuando esta circunstancia que nos ha unido se acabe, también mi obligación a “convivir” con ellos.


Hay lugares donde el compartir el mismo espacio es casi inevitable, hay lugares públicos infestados con gente extraña que por más que intente evitar, me es imposible hacerlo. Pero también para esto  tenemos una solución. “Si no es posible evitar toparse con extraños, al menos podemos evitar tratar con ellos[13]. Ya dijimos que permitimos formar parte de nuestra comunidad, sólo a quien nosotros creemos merecedores de serlo, pues para evitar tratar con los extraños tan sólo es necesario seguir el ejemplo del caracol, que lleva su hogar a donde sea que valla; así nosotros, cuando tenemos que entrar a un lugar repleto de extraños, llevamos nuestro hogar con nosotros para no tener que mezclarnos con ellos. Llevamos a alguien de nuestra comunidad para relacionarnos en estos lugares públicos, sólo y únicamente con aquel que ya tiene nuestra aprobación. De esta manera veo a los extraños pero no me veo en la penosa necesidad de establecer un verdadero diálogo con ellos.

Esto ha llegado a extremos donde algo que solía implicar una interacción personal profunda y verdadera, algo que se solidificaba en una relación interpersonal de los más genuina como lo es la amistad, ahora ni siquiera implica conocer a la persona, donde no es necesaria una interacción con la persona sino simplemente darle clic  a su perfil o un follow a su Twitter y listo, podemos compartir nuestras experiencias si así lo deseamos, puedo conocer lo que quieres que conozca y viceversa, incluso no es necesario que sea yo mismo, pues en estos lugares cibernéticos (propios de la sociedad liquida) puedo ser quien quiera ser. Socializando así con el mundo entero sin tener que convivir con él. Puedo tener miles de amigos sin jamás tener que dejar la seguridad de mi hogar, sin tener que toparme con ninguno de esos horribles extraños.

2.4    El infinito momentáneo

Existe en la sociedad actual un monstruo que devora al hombre y todo lo que a el concierne, esta bestia feroz es el consumismo. Y una de sus tantas victimas es la durabilidad de las cosas, nos enseña que lo más valioso es aquello que me es útil en este momento, nos invita a vivir sólo en el ahora desechando nuestro ayer y sin que nos importe nuestro mañana. Nos enseñan a auto superarnos, a auto remplazarnos y a hacernos a nosotros mismos obsoletos.

En la modernidad “sólida” el hombre trataba por medio de sus acciones y obras durar para siempre, ahora eso no sólo suena imposible sino absurdo. Un ejemplo tangible podría ser el fenómeno que se ha dado con la tecnología, donde anteriormente se intentaba crear cosas que ayudaran al ser humano y que duraran para siempre, por lo tanto el hombre tenía que ir caminando para estar al corriente con los avances tecnológicos. Hoy en día la tecnología no busca algo para siempre sino para este momento, avanza tan rápido que el hombre se ve forzado a correr desesperadamente ya no para estar al corriente, sino para no quedarse rezagado. Antes el celular era un lujo; pasó a ser una “necesidad”, después ya no era suficiente tener un celular sino uno en el que se pudieran mandar mensajes de texto, después mensajes de multimedia, después tenía que reproducir mp3, después tenía que tener reproductor de video, después cámara, bluetooth, wifi, en fin. Cuando crees estar al corriente ya salieron cosas nuevas que vuelven obsoleto aquello que tienes y así sucede no sólo en el ámbito tecno-científico sino en la sociedad misma.

Lo importante ya no es la duración de algo, sino que satisfaga las necesidades del momento. Cito una frase celebre de Woody Allen “no quiero alcanzar la inmortalidad gracias a mi obra, quiero alcanzarla no muriéndome[14] La historia que en su momento fue uno de los sólidos más fuertes ha sido licuificada en momentos, ya son estos momentos los que le dan sentido a la vida del hombre, es en estos momentos donde se manifiesta la historicidad del hombre, “la manera en que uno vive el momento convierte ese momento en una <experiencia inmortal>[15]. Es decir la única manera de que lo infinito sobreviva en esta sociedad es que logre sobrevivir a la mutación de lo momentáneo.

Esto sonará absurdo pero aún en este caos hay quienes aprenden a nadar o surfear (aprovechando la analogía de lo líquido) en este mar de caos y cambio. El mejor ejemplo que me viene a la mente es el Ipod. Un aparato que pareciera haber estado con la juventud actual desde siempre y que pareciera que seguirá estándolo. Pero la manera en que ha logrado estar ha sido precisamente cambiando, se mantuvo en constante movimiento. Steve Jobs entendió que para permanecer en el mercado, tenía que aprender a moverse con los cambios de la sociedad. Por lo que al principio estaba el Ipod classic, después el Ipod mini, luego el Ipod nano, seguido por el Ipod shuffle, touch, phone, pad, etc. Es decir sigue siendo el Ipod pero logro sobrevivir a los cambios permitiéndose dejar de se r un sólido y adquirir aquello que distingue a los líquidos, la capacidad de cambio. Se propuso ser auto superado y sacando algo nuevo que volvería obsoleto a lo que ya tenía, y en esto está la clave de su permanencia.

Aquellos que aprenden a permanecer autodestruyéndose son quienes logran ser  poderosos en este mundo. “El privilegio de los poderosos de hoy, y lo que los hace poderosos, es la capacidad –al estilo Bill Gates- de acortar el lapso de la durabilidad, de olvidar el “lardo plazo”, de centrarse en la manipulación de lo transitorio y no de lo durable, de deshacerse de las cosas con ligereza para dejar espacio a otras igualmente transitorias y destinadas a consumirse. Quedarse con las cosas largo tiempo, más allá de su “fecha de vencimiento” y más allá del momento en que se ofrecen reemplazos “nuevos y mejores”, “superiores”, es en realidad un síntoma de carencia.”[16]

Como el momento es tan importante la instantaneidad se vuelve indispensable. Algo es considerado mejor si es instantáneo. Lo vemos en comida, en formas de comunicación, en negocios, incluso en formas de relacionarnos con los demás. En esta instantaneidad encontramos la trascendencia del momento pues según Bauman la instantaneidad es “anular la resistencia del espacio y licuificar la materialidad de los objetos y hace que cada momento parezca infinitamente espacioso, y la capacidad infinita significa que no hay límites para lo que puede extraerse de un momento… por breve y fugaz que sea[17]”.

En la actualidad hablamos de un largo plazo más por costumbre que por otra cosa, pues ya carece de significado en nuestra sociedad. Si decimos que el infinito así como el tiempo son instantáneos, el hecho de tener más tiempo le agrega muy poco a lo que el momento nos ofrece. En verdad el corto plazo ha reemplazado al largo plazo y la instantaneidad se ha convertido en un ideal último.

Es por eso que al hombre actual no le interesa la historia, es por eso que busca obtener todo rápido y sencillamente, es por eso que se rige por la ley del mínimo esfuerzo, sólo le importa el ahora, sólo ve su hoy. En un mundo que cambia tan violentamente como el nuestro, donde nada dura, el hombre lucha por no aferrarse a nada sólido, pues hacerlo no tendría sentido. El hombre actual teme a hacer planes a largo plazo pues el mundo puede cambiar y volver sus planes inservibles, por eso permanece en el corto plazo donde, si está abierto al cambio logra obtener lo que necesita para seguir nadando y no ahogarse en esta turbulenta sociedad líquida.

2.5    ¿Progreso?

Situémonos por un momento en las grandes ciudades que han logrado el progreso por el que tanto se luchó en la modernidad.  Observemos cómo la población vive cómodamente y rodeada de lujos, cómo la tecnología está por todas partes y cómo pareciera que nada les hace falta. Ahora tratemos de adentrarnos un poquito al turbulento fenómeno de la destrucción creativa, conocida con el nombre de progreso económico.

            Comencemos hablando de cómo este “progreso” se toma de dos maneras, en la primera se limita a lo económico-tecnológico, por lo tanto la economía se vuelve en el central motor de toda actividad realizada. Utilizando el término Marxista, la gente se enajena con la economía olvidándose de ser ellos mismos, de cultivar su persona, de ser felices, pues la sociedad les vende la idea de que para ser feliz tienes que progresar y progresar significa tener más, por lo tanto se matan la vida trabajando para alcanzar algo inalcanzable, pues jamás logran tener suficiente; y cómo le vas a pedir a alguien que lea un libro, que vaya al parque con su familia, que visite el teatro, si tiene que trabajar hasta 10 horas diarias para lograr llevar un poco de pan a su casa. La existencia del hombre se centra en ganar dinero, en tener más; y ya no necesariamente para tener lujos sino para sobrevivir.

            Aplicando un ejemplo Hollywoodense, en la película “In time” vemos como la gente trabaja ya no para conseguir cosas sino para seguir viviendo pues la moneda de cambio es su propia vida. Aunque esto suene algo ridículo si lo analizamos no lo es; cuántas personas actualmente se gastan su vida entera trabajando para conseguir bienes, sacrificando familia, salud y muchas veces su propia dignidad por el dinero; los bienes se convierten en su vida. También podemos observar en la película como para que algunos puedan vivir para siempre, otros tienen que morir. Pues de la misma manera, para que algunos puedan vivir este “progreso” muchos otros tienen que morir o vivir en condiciones paupérrimas. Y no por que no haya suficientes recursos, sino por que los recursos están en manos de sólo algunos, mientras los demás luchamos por simplemente seguir viviendo.

            También existen quienes creen en el progreso como un cambio social, no sólo económico sino completo, una sociedad más sana, más segura, más confiable, más equitativa etc. Que en principio suena bien pero todo esto tiene como esencia dos ideas. Una, que el tiempo está de nuestra parte y la otra, que somos nosotros quienes hacemos estos cambios. Pero dice Bauman “Para las personas que confían en su poder para cambiar las cosas, el <progreso> es un axioma. Para las personas que sienten que las cosas se les van de las manos, la idea de progreso resulta impensable. Entre estas dos situaciones tan polarizadas hay poco espacio para un debate sine ira et studio, y menos aún para el consenso. Henry Ford tenía quizá del progreso una idea similar a la que expresaba acerca del ejercicio físico: <el ejercicio es una pavada. Si eres saludable, no lo necesitas; si estás enfermo, no puedes realizarlo>[18].

            Así vemos dos cosas del progreso: primero, que no es posible para todos, y segundo, que es la confianza en tener el poder para lograr un cambio que se cree benéfico, la confianza en uno mismo, la tranquila sensación de tener control del presente, eso es el progreso. Por eso no es raro que hoy en día el progreso se vea en crisis, que poco a poco se vaya desmoronando. Bauman nos da algunas razones del porqué esto sucede. En primer lugar nos topamos con la ausencia de un agente capaz de “mover el mundo hacia adelante”. En la sociedad actual el problema no es contestar a la pregunta ¿Qué debe hacerse? (para lograr un mundo mejor y más feliz) la pregunta real y problemática es ¿Quién va a hacerlo? Todos sabemos que se tiene que acabar con la pobreza, con la corrupción, con el capitalismo, con el consumismo etc. pero no existe alguien lo suficientemente fuerte para hacer el cambio, y por lo mismo nadie lo intenta.

            Esto se debe en parte a que no hay a quien echarle la culpa. Durante la revolución francesa los pobres eran pobres por culpa de la realeza, así que al matar al rey los pobres dejaron de ser tan pobres. ¿Pero hoy en día a quien podemos culpar? Las superestructuras están puestas de tal modo que no existe una persona a quien culpar. Pues es la misma economía el monstruo que se está tragando al hombre, es esta la que dicta quien tiene y quien no, es ella la que le da todo a alguien y a otro le quita todo. Aunque hay hombres arriba, si uno de ellos cae, otro tomará su lugar y así sucesivamente, pues no son ellos los que suben si no la economía la que los levanta.

            La otra razón por la cual el progreso se ve desgastado el día de hoy es el agotamiento del Estado. Antes el Estado era el que tenía el poder para verdaderamente dirigir al pueblo, para dictar que se hacía y quien debía hacerlo, era respetado y admirado; en cambio hoy es ridiculizado, ha perdido credibilidad y su poder para dirigir es cada vez menor. “Mientras todos los agentes de la vida política permanecen todavía en el mismo lugar en el que los encontró el arribo de la modernidad líquida, aferrados como antes a sus respectivas parcialidades, hoy el poder fluye libremente, bien lejos de su alcance. Nuestra experiencia se asemeja a aquella de los pasajeros de un avión que descubren, ya en vuelo, que la cabina del piloto está vacía. Citando a Guy Debord, <el centro del control ahora se ha ocultado, y ya no lo ocupa ningún líder conocido ni una ideología clara[19].

            Entonces si no sabemos quien nos guía ni económica ni socialmente, la idea de tener el control del presente (progreso) pareciera completamente absurda. El progreso no tiene cabida en la sociedad líquida pues en sí mismo necesita una certeza sólida en que fundamentarse, la confianza del control, sólido que ya fue licuificado. Es por eso que el hombre líquido no se preocupa por el progreso, no se preocupa por tratar de tener el control del presente pues sabe que no lo logrará, camina guiado por las masas sin saber hacia a donde lo guían.

2.6    La incertidumbre como causa de la individualización

         La incertidumbre es una parte muy notoria en la sociedad líquida, pues al darse cuenta de que todo lo organizado, grupal o sólido es desmoronado y rápidamente olvidado, permanece un sentimiento de incertidumbre horrible; al no saber que sucederá mañana, al no tener nada seguro, al saber que aquello en lo que confías hoy puede ser completamente inadecuado para la sociedad del mañana. Bauman escribe: “este mundo, nuestro mundo moderno líquido, no cesa de sorprendernos. Lo que hoy parece seguro y adecuado mañana puede resultar trivial, descabellado o un error lamentable. Ante la sospecha de que esto puede ocurrir, sentimos que —al igual que el mundo que habitamos— nosotros, sus residentes, y, de vez en cuando, sus diseñadores, actores, usuarios y víctimas, debemos estar constantemente preparados para el cambio; debemos ser, como sugiere la palabra que está tan de moda en la actualidad, «flexibles».”[20] Al todo ser tan volátil se pierde cualquier sentido de seguridad, de pertenencia o de continuidad. Al tener que nadar en medio de lo líquido se pierde el piso y  el sentido de orientación, terminas sin saber a donde vas, y hasta en donde estás.

 
Los franceses hablan de précarité, los alemanes de unsicherheit y risikogesellschaft, los italianos de incertezza y los ingleses de insecurity. Todos estos términos utilizados en distintos contextos quieren describir un nuevo fenómeno propio de la sociedad líquida, un fenómeno que la simple definición de la palabra no es suficiente. “El fenómeno que todos estos conceptos intentan aprehender y articular es la experiencia combinada de inseguridad (de nuestra posición, de nuestros derechos y medios de subsistencia), de incertidumbre (de nuestra continuidad y futura estabilidad) y de desprotección (del propio cuerpo, del propio ser y de sus extensiones: posesiones, vecindario, comunidad).”[21]

            Este sentimiento tiene varios fundamentos pero uno de los más fuertes es el hecho de que aquello que debiera darnos seguridad y protección ya no lo hace. Pongo como ejemplo una vez más el Estado, por excelencia es quien debería proteger a la gente, cubrir sus necesidades, asegurar su futuro, pero en estos tiempos está tan desgastado que las promesas políticas ya no tienen validez alguna, que un político en nuestra sociedad es sinónimo de un mentiroso. En segunda, la policía (también extensión del Estado). Hoy en día las personas se sienten menos seguras si hay un policía presente, se perdió toda credibilidad en ellos, se les cree violentos, corruptos prepotentes y autoritarios; son quienes imponen y muchas veces quiebran la ley, no quienes la defienden y protegen como deberían. Y así como estos hay muchas otras cosas que antes nos daban seguridad que ahora simplemente ya no son lo mismo, háblese del patrón, de los maestros, de la iglesia, incluso del hombre mismo. Al afrontarse a todo esto lo único que queda es el individuo.

            El individuo es ensalzado en la actualidad, una persona respetada es aquella que logra sobresalir de los demás siendo individual.  Por eso vemos a toda la juventud luchando por su individualidad, en esa desesperada y ciega búsqueda por ser “originales” que terminan siendo todos iguales. Y no solamente los jóvenes, en el actuar vemos la supremacía del individuo sobre la sociedad entera. “La incertidumbre actual es una poderosa fuerza de individualización. Divide en vez de unir, y como no es posible saber quién despertará mañana en qué facción, el concepto de <interés común> se vuelve cada vez más nebuloso y pierde todo valor pragmático.”[22] Y he aquí otro gran problema: la pragmaticidad brutal en la que se asfixia la sociedad.

            Pues en un mundo donde lo seguro es cada vez menos evidente, donde pareciera que no hay nada que nos proteja, lo racional sería unirnos para protegernos y asegurarnos entre nosotros mismos. Unidos sería mucho más fácil trascender y lograr un cambio. Sin embargo no es así, pues esto requiere trabajo, sacrificio, razón, habilidad crítica, y desprendimiento; cosas que van completamente en contra de una sociedad líquida como la de hoy. Por lo tanto sacrificamos eso por lo que es práctico, lo que nos sirve. ¿Porqué luchar por ayudar a los demás, cosa que tardaría en dar frutos, cuando se puede pisotear a los demás y sobrevivir yo sólo? Sacrificamos lo racional por lo práctico, lo lógico y lo mejor por simplemente sobrevivir. Es difícil nadar con los demás, así que preferimos soltarnos para individualmente dejarnos llevar por las olas de esta sociedad.

2.7    Empleo en extinción

         Durante mucho tiempo la manera de subsistir del hombre (sobretodo en las ciudades grandes) ha sido el empleo. El hombre trabaja, consigue dinero con el cual cubre las necesidades básicas de su familia. Pero esta manera de subsistir se ve cada vez más frágil y pareciera que en vez de mejorar su condición empeora.

Frente a la falta de empleos tan evidente en las ciudades no de un solo país sino alrededor del mundo,  el hombre trabajador se desespera y comienza a exigir soluciones, mismas que varios gobiernos y expertos pretenden tener, diciendo que esto es temporal, o que el avance traerá más y mejores empleos para todos, Bauman comenta al respecto que “ mucha gente, al escuchar las opiniones evidentemente contradictorias de algunos notables expertos y buscar una respuesta acerca del futuro de sus seres queridos, sospecha no sin razón que, a pesar de las caras decididas de los políticos o de la convicción de sus discursos, el desempleo en los países ricos se ha vuelto estructural: por cada nueva vacante laboral hay varios empleos que se han desvanecido y, simplemente no hay suficiente trabajo para todos. El progreso tecnológico (en realidad, el esfuerzo de racionalización en sí mismo) augura incluso menos empleos, y no más.”[23] La realidad es que somos demasiados, simplemente no hay empleo para todos. Y que la mayoría de los nuevos empleos generados son mal pagados y exigen demasiado de los trabajadores.

Viendo esto desde el punto de vista del empresario (el patrón) esto es muy benéfico, pues como hay tanta gente que quiere un empleo puedo exigir más de mis empleados sabiendo que lo tolerarán para cuidar su puesto y si por alguna razón no es así, los puedo correr sin ningún problema, sabiendo que hay cientos de personas esperando una vacante para poder trabajar. De esta manera el empleado vive con el constante miedo a ser reemplazado, pues ya nada te mantiene a salvo, ni un título, ni un puesto ni siquiera un buen desempeño garantiza que permanecerás empleado pues la seguridad laboral en la sociedad líquida simplemente no existe.

Antes, un buen trabajo era aquel que era seguro, los contratos eran por largos tiempos, y mientras mejor era el trabajo más largo era el contrato. Hoy en día un contrato “largo” es por un año. El trabajo antes era pensando en el trabajador pero ahora es el patrón quien se beneficia. La sociedad líquida se caracteriza por un consumismo salvaje, no es de extrañarse que el área del empleo pasó de un ser a un hacer.  En las universidades nos enseñan que para ser algo (doctor, licenciado, abogado, etc.) es simplemente necesario hacer lo que ellos hacen y así lograr vivir la vida que ellos viven, haciendo a un lado toda ética y todo sentido moral, y me atrevo a decir el sentido humano detrás de las profesiones. Un ejemplo sería como nos enseñan a hacer lo que hace un doctor, no a ser un médico. Y después de un tiempo nos topamos con el doctor que atiende a los pacientes como si fuera un mecánico, que ve enfermedades y no personas, que ve en sus pacientes clientes y no personas que sufren y necesitan su ayuda. El trabajar ya no es una manera de autorrealizarse, ya no es un medio de obtener orgullo o respeto por uno mismo, sino un medio de supervivencia, un simple medio para conseguir bienes materiales.

También el trabajo era visto como un medio para sentirse realizado, por lo cual ciertos trabajos eran considerados trascendentes pues lograban ser en cierto sentido fuentes de orgullo y autoestima, eran considerados vocaciones. Aunque es verdad que desde la ética laboral cualquier trabajo honesto es digno y debe ser fuente de autorrealización con el simple hecho de lograr asegurar la subsistencia. En cambio en la actualidad la ética laboral ha sido sustituida por la estética laboral, donde, si la ética definía un buen trabajo al humanizar a la persona, la estética “niega todo valor a otras ocupaciones remuneradas que sólo aseguran la subsistencia. Se exige que las profesiones <elevadas> tengan las mismas cualidades necesarias para apreciar el arte: buen gusto, refinamiento, criterio, dedicación desinteresada y una vasta educación[24] y viendo la realidad vemos que estos trabajos son contados y muy difícil de conseguir y mantener; es decir que no son para todos.

Pero esto es sólo para aquellos afortunados en conseguir un empleo, la verdad es que, el empleo es la única manera de subsistencia que conocemos, y simplemente ya no es suficiente; y tendríamos que pensar, si el empleo ya no funcionara como fuente para subsistir ¿Qué más podemos hacer? La respuesta pareciera simple, podríamos correr el riesgo de pensar que simplemente tendríamos que regresar al modelo anterior y decir que podríamos subsistir en granjas cosechando nuestra propia comida. Podría sonar como una solución razonable pero, considerando que este problema se da en las ciudades desarrolladas encontrar un terreno es muy difícil además de costoso, así como el mantenimiento cuesta también bastante dinero, cosa que la mayoría de la gente no tiene.

Entonces podemos ver un serio problema a futuro, el empleo simplemente no es suficiente para que toda la sociedad subsista. No se requiere ser un experto para darse cuenta que está de pie, pero muy débilmente y que corre un grave peligro de desplomarse. Tampoco se necesita ser un gran conocedor para entender que las promesas de conseguir más y mejores empleos es una falacia, que el problema del empleo es tan grande que ninguna persona u organización puede verdaderamente solucionarlo.

2.8    Concluyendo…

La sociedad en la modernidad líquida licuifica todo lo que encuentra a su paso. La modernidad nos hizo muchas promesas estableciendo cosas sólidas y duraderas, promesas que no cumplió. El hombre, al sentirse defraudado, se fue al extremo opuesto y comenzó a rechazar completamente todo aquello que intentaba solidificar su existencia.

Este rechazo a lo sólido fue tan extremo, que rechazó cualquier cosa que incluso parezca sólido; cualquier cosa que tuviera estructura, organización  o potencial de perdurar. Licuificó todo lo que había a su alrededor (Estado, ideología, familia, religión, conocimiento, arte, comunicación, inclusive la realidad misma) tratando de escapar de lo sólido, quedándose sin más alternativa que nadar en el mar que él mismo creó. Lo sólido fue interpretado como esclavitud, por lo cual luchó por “liberarse” de ello, sin saber que las cadenas de lo líquido no solamente eran más pesadas, sino también mucho más difíciles de escapar. Por no querer estar atado por cadenas sólidas, ahora navega esclavizado en un mar. 


[1] Ibíd. Zygmunt Bauman “Modernidad Liquida”.  Pág. 210
[2] Ídem
[3] Ibíd. Zygmunt Bauman “Modernidad Liquida”.  Pág. 211
[4] Ibíd. Zygmunt Bauman “Modernidad Liquida”. Pág. 101
[5] Ídem.
[6] Ídem.
[7] Ídem.
[8] Ibíd. Zygmunt Bauman “Modernidad Liquida”. Pág. 102
[9] Ídem.
[10] Ídem.
[11] Ibíd. Zygmunt Bauman “Modernidad Liquida”. Pág. 102
[12] Ibíd. Zygmunt Bauman “Modernidad Liquida”. Pág. 113
[13] Ídem.
[14] "I don't want to achieve immortality through my work... I want to achieve it through not dying."
[15] Ibíd. Zygmunt Bauman “Modernidad Liquida”. Pág. 133
[16]Ibíd. Zygmunt Bauman “Modernidad Liquida”.  Pág. 120
[17]Ibíd. Zygmunt Bauman “Modernidad Liquida”.  Pág. 119
[18] Ibíd. Zygmunt Bauman “Modernidad Liquida”. Pág. 144
[19] Ibíd. Zygmunt Bauman “Modernidad Liquida”. Pág. 153
[20] Zygmunt Bauman 44 cartas desde el mundo liquido” Editorial Paidós Barcelona 2011,  Pág. 10
[21] Ibíd. Zygmunt Bauman 44 cartas desde el mundo liquidoPág. 171
[22] Ibíd. Zygmunt Bauman 44 cartas desde el mundo liquidoPág. 158
[23] Ibíd. Zygmunt Bauman 44 cartas desde el mundo liquidoPág. 171
[24] Zygmunt Bauman “Trabajo, consumismo y nuevos pobres Editorial Gedisea, 2000 Barcelona. Pág. 58

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