Indice
2 Segundo
Capitulo: Sociedad Líquida
2.1 Comunidades
de guardarropa
2.2 Paranoia
social
2.3 Extraños
conociendo a extraños
2.4 El
infinito momentáneo
2.5 ¿Progreso?
2.6 La
incertidumbre como causa de la individualización
2.7 Empleo
en extinción
2.8 Concluyendo…
Segundo
Capitulo:
Sociedad
Líquida
“La
esencia de la civilidad, es la capacidad de interactuar con extraños sin
atacarlos por eso y sin presionarlos para que dejen de serlo (…) Si no es posible evitar toparse con
extraños, al menos podemos evitar tratar con ellos”
Zygmunt
Bauman
Segundo
Capitulo
2 Sociedad Líquida
2.1 Comunidades de guardarropa
Ya hablamos de cómo la
modernidad líquida (posmodernidad) se aferra en licuificar aquellas cosas que
se veían como sólidos en la modernidad. Pues en este sentido el hombre se
encuentra sin algo sólido que le de un verdadero sentido de dirección, de
seguridad, de permanencia, o incluso una ideología clara. Siguiendo con la
analogía de Bauman, las sociedades son cada vez más líquidas, cambiantes,
volátiles, fluidas. Bauman al hablar de las comunidades actuales nos dice “Las comunidades tienden a ser volátiles,
transitorias, “monoaspectadas” o “con un solo propósito”. Su tiempo de vida es
breve y lleno de sonido y de furia.”
En la modernidad algo era valorado cuando era perdurable, cuando estaba sólidamente
establecido, de manera que a futuro siga estando ahí. En la modernidad líquida
es totalmente lo contrario, algo es considerado bueno mientras más dispuesto al
cambio, mientras más adaptable y transformable sea, mientras menos aferrado al
tiempo sea, mejor. Lo mismo pasa con la sociedad.
Al todo estar en constante
cambio, el hombre se ve forzado a aprender a adaptarse a todo. No existen
movimientos sociales fijos; como en el mar, hay distintas corrientes por las
cuales somos forzados a aprender a navegar. Es mucho más fácil, menos dramático
y más inteligente, no ir en contra de la corriente. Es mejor aprender a dejarse
llevar por la corriente y esperar que esta nos lleve a donde queremos ir. Y
cuando no existe ningún sólido a donde arribar, no importa a donde te lleve la
corriente, de cualquier manera nunca dejarás de estar en el mar.
Bauman habla de las comunidades de guardarropa, donde nos
ponemos el traje que necesitamos para fluir con cierto fenómeno social, o
cierta actividad, pero que es simplemente uno de los trajes que el hombre usa
para navegar en estas corrientes sociales, lo explica con este ejemplo:
“Los asistentes a un espectáculo se visten para la ocasión, ateniéndose
a un <código de sastrería> distinto de los códigos que siguen diariamente
–situación que simultáneamente diferencía esta ocasión como “especial” y hace
que los espectadores presenten, dentro del teatro, un aspecto más uniforme que
fuera de él-. La función nocturna es lo que los ha atraído a todos, por
diversos que sean sus intereses y pasatiempos diurnos. Antes de entrar al
auditorio, todos dejan los abrigos que usaban en la calle en el guardarropa de
la sala. Durante la función, todos los ojos están fijos en el escenario, que
concentra la atención. La alegría y la tristeza, las risas y el silencio, los
aplausos, los gritos de aprobación y los jadeos de sorpresa están sincronizados
–como si estuvieran guiónados y dirigidos-. Sin embargo, cuando cae el telón,
los espectadores recogen sus pertenencias en el guardarropa, vuelven a ponerse
sus ropas de calle y retoman sus diferentes roles mundanos, para mezclarse poco
después con la variada multitud que llena las calles de la ciudad de las que
emergieron horas antes”.
Al hombre viviendo en la
sociedad líquida actual no le quedó más opción que adaptarse al cambio, la única
manera de lograr esto es no aferrarse a nada, no invertirse completamente a
nada, ser parte de la sociedad sin en verdad ser de ella. Las corrientes
sociales, las comunidades a las cuales pertenecer, son muchas y si no estás
dispuesto al cambio, te vez forzado a vivir sólo en una, cosa que es bastante
reprobable en la sociedad líquida. Por lo cual tal y como vemos en el ejemplo,
todos se quitan el abrigo que utilizan diariamente para estar uniformados con
todos los demás. Así los hombres se uniforman para pertenecer a cierta realidad
o comunidad. No sólo físicamente, sino en su manera de hablar, de pensar, de
actuar etc. pareciera que el proverbio es, “si no eres, parece”.
Otro ejemplo son también los
espectáculos, pensemos en un partido de futbol, un concierto, una obra de
teatro. Donde todos juntos viven una realidad, y por unos momentos, todos ríen,
gritan, lloran, se exaltan y tranquilizan al mismo tiempo. Todos dejan de ser
hombres y mujeres distintos y se convierten en fans de un artista, o
aficionados del mismo equipo. Dejan sus realidades diferentes para formar
parte, momentáneamente de una realidad común. De esta manera vivimos realidades
junto con los demás, que mientras duran (lo cual no es mucho tiempo) simulan una comunidad homogénea, pero en
cuanto el espectáculo termina, todos toman sus abrigos (aquello que los hace
diferentes a los demás) de nuevo y vuelven a ser tremendamente distintos.
Como dijimos anteriormente, en
el mar de la sociedad líquida existen muchas corrientes, y cada corriente es
una realidad dentro de otra, que une a las personas momentáneamente, sin lograr
una verdadera comunión. Pero aunque no logran unir a las comunidades
permanentemente son importantes, pues logran que en un mundo donde todos son
tan diferentes, donde el ser individual es elevado sobre el ser comunitario; al
atraer el interés de diferentes individuos, los reúne durante cierto tiempo en
donde sus demás intereses, los mismos
que los separan, son temporalmente dejados de lado, silenciados o ignorados.
Entonces de alguna manera estos espectáculos sociales unen al hombre y logra
hacer que pongan sus diferencias de lado, al menos por un momento.
Una razón por la cual estos
fenómenos sociales son tan llamativos, tan populares, son por aquello que
ofrecen. En la modernidad se luchaba mucho por la causa común, mucho se hizo
por intentar que todos vivamos unidos, por establecer sociedades universales,
por decirlo así; cosa que ciertamente jamás sucedió. En la modernidad líquida
esto ya no tiene sentido por lo que las sociedades de guardarropa “ofrecen un respiro temporario del tormento
de la solitaria lucha cotidiana, de la agotadora situación de los individuos,
convencidos u obligados a arreglarse solos con sus problemas. (…) Quiebran la
monotonía de la soledad diaria, y que, como todos los carnavales, dan
canalización a la tensión acumulada, permitiendo que los celebrantes soporten
la rutina a la que deben regresar en cuanto acaban los festejos”.
Entonces el hecho de que estas
sociedades de guardarropa existan, nos habla de una necesidad del hombre por
cohabitar con los demás. Es verdad que esta cohabitación no es plena y es meramente
momentánea, pero sí nos habla de esa insatisfacción de vivir solos. La sociedad
líquida nos impulsa y hasta coacciona a vivir separado de los demás. Ha
intentado desesperadamente licuificar toda atadura fija con los demás, pero sin
éxito. Pues el hombre tiene la necesidad del otro, tiene una necesidad de
formar parte de una comunidad sólida, de una correlación real con los demás, y
las sociedades de guardarropa son, aunque no una solución a ello, si una
manifestación de esa necesidad.
2.2 Paranoia social
Una de las cosas que
caracteriza nuestra sociedad liquida (la sociedad actual) es su gran paranoia.
Bauman maneja un ejemplo muy claro. El hace referencia al programa de
televisión “Big Brother” y dice que
así es como vivimos actualmente, con un miedo a ser nominados, con un terror a
ser desechados, con la creencia de que solamente uno es quien podrá ganar, con
la constante preocupación de que aquellos con los que vivo sean quienes me
expulsen. La sociedad liquida es una
sociedad de competencias, donde aquel que logra superar las pruebas mejor que
los demás es promovido y su estatus esta seguro, pero aquel que no lo logra es
expulsado, rechazado y marginado. Luchamos conciente o inconcientemente todos
los días para permanecer en el juego mientras la constante paranoia de que
aquellos con quien comparto mi mundo son los que intentan deshacerse de mi.
Por lo tanto vivo con los
demás, pero al mismo tiempo siempre intento superar a los demás, pues en este
mundo es cada quien por si sólo. Pero al mismo tiempo como en el programa ya
mencionado las nominaciones se hacen en secreto, el rechazo no es público.
Mientras estoy con los demás somos un “nosotros” pero en cuanto dejo de estarlo
me convierto en simplemente yo contra ellos. Las expulsiones reales se ven al
notar que el medico joven reemplaza al que tiene más experiencia, cando
observamos las élites y las sociedades altas en comparación con la cada vez
mayor clase baja, cuando aquel que tiene más contactos supera al que tiene más
merito, cuando todos estudian una carrera pero pocos logran ejercerla. Pues así
como el juego todo requiere de estrategia y la astucia se ha convertido más
importante que el desempeño, la honestidad, la antigüedad o incluso que el ser
merecedor de algo.
Y así tenemos que todo lo que
se obtiene se tiene miedo de perder, pues nunca se esta del todo seguro,
siempre se vive con el miedo de ser nominado. En este sentido entonces no es
raro darnos cuenta que la seguridad se vuelve algo sumamente importante y hasta
se podría decir indispensable en la sociedad liquida. Aquellos que lograron
superar las pruebas y sobrevivir las expulsiones se agrupan para seguir
compitiendo. Pero esas agrupaciones
temen que aquello que han ganado (su lugar en la sociedad) les sea
arrebatado. Así que forman pequeñas comunidades “seguras” donde sólo unos
cuantos selectos tienen el privilegio de entrar. “se busca lo utopia de una buena “comunidad” donde los que logran
habitar en ellas, se conocen, se respetan hasta cierto punto y sobre todo se reservan
el derecho de admisión. Son como fortalezas medievales que protegen su estilo
de vida”
Dentro de estas fortalezas “la comodidad y la satisfacción de
necesidades impuestas por las modas parecen ser la mayor norma”
por lo que encontramos comunidades, con centros recreativos que incluyen
actividades como el tenis, el golf, la pesca, el paseo en yate he incluso la
casería. Con gimnasios privados con las más actuales maneras de permanecer en
forma, desde el spinning y la zumba
hasta yoga y pilates incluyendo
por supuesto las más actuales modas hollywoodenses para mantenerse en forma.
Contienen también los centros comerciales con las tiendas de moda más actuales
y extravagantes. Los spas con las terapias más innovadoras para relajarse
después de un arduo día de trabajo. Los restaurantes más finos y por supuesto
que muchas áreas verdes y espacios vacíos listos para ser llenados por
cualquier nueva “necesidad” que las modas les dicten.
Ahora el rechazo a los demás
como ya habíamos mencionado no se da cara a cara, no es directo sino que se
establecen ciertos filtros para asegurarse que solo cierto tipo de gente pueda
habitar ahí, gente con la que los habitantes están dispuestos a compartir su
espacio. “Uno de los mayores filtros es
el estatus social, No es que corran a la gente de sus “comunidades” pero la
vida en esos lugares requiere cierto ingreso”
ingreso que por supuesto esta muy por enzima de lo que la gran mayoría de la
gente puede pagar, así asegurando que sólo unos cuantos puedan en realidad ser
parte de estas comunidades.
Pero en estas comunidades la
paranoia no deja de existir pues siguen compitiendo en la sociedad. Pero como
era de esperarse no todas sus metas son alcanzadas, en veces son humillados y
muchas otras simplemente fracasan; y como ha pasado siempre, como todo buen
paranoico busca como desligarse de la responsabilidad del fracaso y trata de
encontrar a quien culpar. “En la edad
media se culpaba a las brujas, los incubos, los duendes malignos, etc. pero
ahora estos se han convertido en los vagos, los maleantes, los cholos, etc. que
aunque no estén presentes en sus “comunidades” logran ser los causantes de toda
desgracia que en ella sucede. Son la representación del miedo siempre existente
a la clase inferior “.
Las personas que viven en estas “comunidades” temen a que este estilo de vida
les sea arrebatado, por lo cual los vagos, cholos y demás son el perfecto chivo
expiatorio, pues todo problema social se le puede adjudicar a ellos; la
violencia, los robos, la inseguridad, el alto nivel de crímenes etc. todos son
culpa de aquellos de los cuales ellos tanto intentan de protegerse.
Esto lo único que hace es
alimentar esa paranoia por el otro, creando un miedo sin fundamentos que no
sólo impulsa a estas comunidades a filtrarse cada vez más, sino a rechazar cada
vez con más severidad a los que quedaron afuera y al mismo tiempo fomenta que
los de afuera acepten un rol que les es impuesto, es decir no todos los vagos
son ladrones, mal vivientes y maleantes,
pero si la sociedad los juzga como tal y los introduce en ese rol, llegara el
momento que algunos aunque no tenían la intención de hacerlo simplemente lo
asuman, a final de cuentas todos queremos tener un rol en la sociedad por más
vano que este sea.
Bauman menciona a un sociólogo
contemporáneo llamado Zukin que nos dice que “los votantes y las elites podrían haber elegido aprobar las políticas
del gobierno destinadas a eliminar la pobreza, controlar la competencia étnica
e integrar a todo el mundo a través de instituciones públicas comunes. En
cambio, eligieron comprar protección”
esto refleja lo que Zukin llama “la política del miedo cotidiano” donde se nos
pinta un espectro de las calles como lugares inhóspitos y completamente
inseguros donde nadie debe andar a solas.
Esto lo único que hace es
alejar a la gente de los lugares públicos
donde pueden compartir su vida con los demás. Preferimos estar en el
confort y la “seguridad” de nuestra propia casa. Esas murallas en las
“comunidades” de las que hablábamos, donde paranoicamente nos tratamos de
proteger de los intrusos con cámaras, guardias, casetas de vigilancia,
seguridad privada etc. no sólo los mantiene a ellos afuera, sino también nos
retiene a nosotros adentro, se convierten en nuestras cárceles las cuales
aceptamos felizmente “Estamos tan
preocupados por la seguridad que la cambiamos por la libertad, preferimos
sentirnos seguros que sentirnos libres”.
Vivimos en estas “comunidades”
queriendo proteger lo que tenemos y así poder vivir en armonía con los demás.
Pues si todos estamos seguros, todos estaremos felices, y finalmente la
seguridad es algo que nos ayuda a todos. Son sólo algunas de las
justificaciones que nos damos. Creemos vivir en comunidad pero sólo con
aquellos que nosotros creemos merecedores de vivir con nosotros. Ponemos bardas
y rejas para proteger nuestra convivencia comunitaria, para sentirme seguro
mientras salgo al parque a convivir con los miembros de mi comunidad. Pero una
comunidad no puede ser sólo de algunos o pierde todo sentido. Y comenzamos a
vivir como en los tiempos medievales, encerrados en fortalezas aislados del
exterior. “Es un paradigma, queremos una
utopia de vida en comunidad, pero no aceptamos a todos los que existen en ella.
Creemos vivir en comunidades cuando en realidad vivimos aislados, tras nuestras
bardas, cámaras, guardias de seguridad, rejas y demás cosas creadas para, valla
la contradicción la vida de la comunidad”.
2.3 Extraños conociendo a extraños
Según
la definición clásica de Richard Senett, que nos proporciona Bauman en su libro
modernidad liquida “una ciudad es <un asentamiento humano en
el que los extraños tienen probabilidades de conocerse>” pero en nuestra
sociedad ese es exactamente el problema, no es un lugar de encuentro entre dos
personas, sino entre dos extraños, que después de encontrarse no dejan de ser
extraños.
El conocer a un extraño no
significa que deje de ser extraño, aunque esto suene contradictorio; si lo
pensamos un poco nos damos cuenta que tiene mucho de verdad. Hay muchos lugares
donde los extraños se encuentran, en las plazas, en los cines, en las
calles, en fin. Sin embargo mucha de esa gente que aunque
tratamos con una “civilidad” aprendida desde pequeños, no dejan de ser personas
desconocidas para nosotros. Nos topamos
con muchísima gente todos los días sin que estas en verdad entren en nuestra
vida, ya sea por que los encuentros son demasiado cortos o por que simplemente
no existe un verdadero interés por conocerse. Sin embargo nos han enseñado a
saludar, a decir buenos días y buenas tardes, gracias y por favor, etc. Es
decir nos han enseñado reglas de cómo convivir “civilmente” lo cual hace más
placentero el encuentro entre desconocidos.
Todo está en esta “civilidad”,
esa habilidad incrustada en nuestras mentes, que ciertamente en sí no es mala,
pero no es suficiente para en verdad conocer a la otra persona; sino al
contrario, funciona como una barrera que no deja que la otra persona entre, un
cierto tipo de máscara donde todos actuamos como personas políticamente
correctas, sin actuar como nosotros mismos, impidiendo así que se nos conozca. Pero
surge de una necesidad; queremos vivir en comunidad pero al mismo tiempo
queremos estar protegidos de los otros, necesitábamos una manera de poder
“convivir” pero al mismo tiempo no dejar que el otro se me acerque demasiado.
La solución perfecta es el ser “civiles” pues así más que convivir con el otro,
interactuamos con el otro; “La esencia de
la civilidad, es la capacidad de interactuar con extraños sin atacarlos por eso
y sin presionarlos para que dejen de serlo”.
Por lo tanto los lugares
públicos, entre más civiles sean más ayudan a proteger mi espacio del de los
demás; con esto me refiero a que la gente no se amontona y trata de evitar
cualquier tipo de contacto físico. Puede haber mucha gente en un banco sin
jamás pasar a ser un “nosotros” entre ellos, todos están debidamente formados a
una distancia considerable el uno del otro; son muchos “yos” más nunca un
nosotros. Las conversaciones en este tipo de lugares jamás son profundas o
significantes, he incluso en la mayoría
de los casos, evitadas. Interactúo con ellos por que es necesario que lo haga
pero cuando esta circunstancia que nos ha unido se acabe, también mi obligación
a “convivir” con ellos.
Hay lugares donde el compartir
el mismo espacio es casi inevitable, hay lugares públicos infestados con gente
extraña que por más que intente evitar, me es imposible hacerlo. Pero también
para esto tenemos una solución. “Si no es posible evitar toparse con
extraños, al menos podemos evitar tratar con ellos”.
Ya dijimos que permitimos formar parte de nuestra comunidad, sólo a quien
nosotros creemos merecedores de serlo, pues para evitar tratar con los extraños
tan sólo es necesario seguir el ejemplo del caracol, que lleva su hogar a donde
sea que valla; así nosotros, cuando tenemos que entrar a un lugar repleto de
extraños, llevamos nuestro hogar con nosotros para no tener que mezclarnos con
ellos. Llevamos a alguien de nuestra comunidad para relacionarnos en estos
lugares públicos, sólo y únicamente con aquel que ya tiene nuestra aprobación.
De esta manera veo a los extraños pero no me veo en la penosa necesidad de
establecer un verdadero diálogo con ellos.
Esto ha llegado a extremos
donde algo que solía implicar una interacción personal profunda y verdadera,
algo que se solidificaba en una relación interpersonal de los más genuina como
lo es la amistad, ahora ni siquiera implica conocer a la persona, donde no es
necesaria una interacción con la persona sino simplemente darle clic a su perfil o un follow a su Twitter y listo, podemos compartir nuestras
experiencias si así lo deseamos, puedo conocer lo que quieres que conozca y
viceversa, incluso no es necesario que sea yo mismo, pues en estos lugares
cibernéticos (propios de la sociedad liquida) puedo ser quien quiera ser. Socializando
así con el mundo entero sin tener que convivir con él. Puedo tener miles de
amigos sin jamás tener que dejar la seguridad de mi hogar, sin tener que
toparme con ninguno de esos horribles extraños.
2.4 El infinito momentáneo
Existe en la sociedad actual
un monstruo que devora al hombre y todo lo que a el concierne, esta bestia
feroz es el consumismo. Y una de sus
tantas victimas es la durabilidad de las cosas, nos enseña que lo más valioso
es aquello que me es útil en este momento, nos invita a vivir sólo en el ahora
desechando nuestro ayer y sin que nos importe nuestro mañana. Nos enseñan a
auto superarnos, a auto remplazarnos y a hacernos a nosotros mismos obsoletos.
En la modernidad “sólida” el
hombre trataba por medio de sus acciones y obras durar para siempre, ahora eso
no sólo suena imposible sino absurdo. Un ejemplo tangible podría ser el
fenómeno que se ha dado con la tecnología, donde anteriormente se intentaba
crear cosas que ayudaran al ser humano y que duraran para siempre, por lo tanto
el hombre tenía que ir caminando para estar al corriente con los avances
tecnológicos. Hoy en día la tecnología no busca algo para siempre sino para
este momento, avanza tan rápido que el hombre se ve forzado a correr desesperadamente
ya no para estar al corriente, sino para no quedarse rezagado. Antes el celular
era un lujo; pasó a ser una “necesidad”, después ya no era suficiente tener un
celular sino uno en el que se pudieran mandar mensajes de texto, después mensajes
de multimedia, después tenía que reproducir mp3, después tenía que tener
reproductor de video, después cámara, bluetooth,
wifi, en fin. Cuando crees estar al corriente ya salieron cosas nuevas que
vuelven obsoleto aquello que tienes y así sucede no sólo en el ámbito tecno-científico
sino en la sociedad misma.
Lo importante ya no es la
duración de algo, sino que satisfaga las necesidades del momento. Cito una
frase celebre de Woody Allen “no quiero
alcanzar la inmortalidad gracias a mi obra, quiero alcanzarla no muriéndome”
La historia que en su momento fue uno de los sólidos más fuertes ha sido
licuificada en momentos, ya son estos momentos los que le dan sentido a la vida
del hombre, es en estos momentos donde se manifiesta la historicidad del
hombre, “la manera en que uno vive el
momento convierte ese momento en una <experiencia inmortal>”.
Es decir la única manera de que lo infinito sobreviva en esta sociedad es que
logre sobrevivir a la mutación de lo momentáneo.
Esto sonará absurdo pero aún
en este caos hay quienes aprenden a nadar o surfear (aprovechando la analogía
de lo líquido) en este mar de caos y cambio. El mejor ejemplo que me viene a la
mente es el Ipod. Un aparato que pareciera haber estado con la juventud actual
desde siempre y que pareciera que seguirá estándolo. Pero la manera en que ha
logrado estar ha sido precisamente cambiando, se mantuvo en constante
movimiento. Steve Jobs entendió que para permanecer en el mercado, tenía que aprender
a moverse con los cambios de la sociedad. Por lo que al principio estaba el
Ipod classic, después el Ipod mini, luego el Ipod nano, seguido por el Ipod
shuffle, touch, phone, pad, etc.
Es decir sigue siendo el Ipod pero logro sobrevivir a los cambios permitiéndose
dejar de se r un sólido y adquirir aquello que distingue a los líquidos, la
capacidad de cambio. Se propuso ser auto superado y sacando algo nuevo que
volvería obsoleto a lo que ya tenía, y en esto está la clave de su permanencia.
Aquellos que aprenden a
permanecer autodestruyéndose son quienes logran ser poderosos en este mundo. “El privilegio de los poderosos de hoy, y lo
que los hace poderosos, es la capacidad –al estilo Bill Gates- de acortar el
lapso de la durabilidad, de olvidar el “lardo plazo”, de centrarse en la
manipulación de lo transitorio y no de lo durable, de deshacerse de las cosas
con ligereza para dejar espacio a otras igualmente transitorias y destinadas a
consumirse. Quedarse con las cosas largo tiempo, más allá de su “fecha de
vencimiento” y más allá del momento en que se ofrecen reemplazos “nuevos y
mejores”, “superiores”, es en realidad un síntoma de carencia.”
Como el momento es tan
importante la instantaneidad se vuelve indispensable. Algo es considerado mejor
si es instantáneo. Lo vemos en comida, en formas de comunicación, en negocios,
incluso en formas de relacionarnos con los demás. En esta instantaneidad
encontramos la trascendencia del momento pues según Bauman la instantaneidad es
“anular la resistencia del espacio y
licuificar la materialidad de los objetos y hace que cada momento parezca
infinitamente espacioso, y la capacidad infinita significa que no hay límites
para lo que puede extraerse de un momento… por breve y fugaz que sea”.
En la actualidad hablamos de
un largo plazo más por costumbre que por otra cosa, pues ya carece de significado
en nuestra sociedad. Si decimos que el infinito así como el tiempo son
instantáneos, el hecho de tener más tiempo le agrega muy poco a lo que el
momento nos ofrece. En verdad el corto plazo ha reemplazado al largo plazo y la
instantaneidad se ha convertido en un ideal último.
Es por eso que al hombre
actual no le interesa la historia, es por eso que busca obtener todo rápido y
sencillamente, es por eso que se rige por la ley del mínimo esfuerzo, sólo le
importa el ahora, sólo ve su hoy. En un mundo que cambia tan violentamente como
el nuestro, donde nada dura, el hombre lucha por no aferrarse a nada sólido,
pues hacerlo no tendría sentido. El hombre actual teme a hacer planes a largo
plazo pues el mundo puede cambiar y volver sus planes inservibles, por eso
permanece en el corto plazo donde, si está abierto al cambio logra obtener lo
que necesita para seguir nadando y no ahogarse en esta turbulenta sociedad líquida.
2.5 ¿Progreso?
Situémonos por un
momento en las grandes ciudades que han logrado el progreso por el que tanto se
luchó en la modernidad. Observemos cómo
la población vive cómodamente y rodeada de lujos, cómo la tecnología está por
todas partes y cómo pareciera que nada les hace falta. Ahora tratemos de
adentrarnos un poquito al turbulento fenómeno de la destrucción
creativa, conocida con el nombre de progreso económico.
Comencemos
hablando de cómo este “progreso” se toma de dos maneras, en la primera se
limita a lo económico-tecnológico, por lo tanto la economía se vuelve en el
central motor de toda actividad realizada. Utilizando el término Marxista, la
gente se enajena con la economía
olvidándose de ser ellos mismos, de cultivar su persona, de ser felices, pues
la sociedad les vende la idea de que para ser feliz tienes que progresar y
progresar significa tener más, por lo tanto se matan la vida trabajando para
alcanzar algo inalcanzable, pues jamás logran tener suficiente; y cómo le vas a
pedir a alguien que lea un libro, que vaya al parque con su familia, que visite
el teatro, si tiene que trabajar hasta 10 horas diarias para lograr llevar un
poco de pan a su casa. La existencia del hombre se centra en ganar dinero, en
tener más; y ya no necesariamente para tener lujos sino para sobrevivir.
Aplicando
un ejemplo Hollywoodense, en la película “In time” vemos como la gente trabaja
ya no para conseguir cosas sino para seguir viviendo pues la moneda de cambio
es su propia vida. Aunque esto suene algo ridículo si lo analizamos no lo es;
cuántas personas actualmente se gastan su vida entera trabajando para conseguir
bienes, sacrificando familia, salud y muchas veces su propia dignidad por el
dinero; los bienes se convierten en su vida. También podemos observar en la
película como para que algunos puedan vivir para siempre, otros tienen que
morir. Pues de la misma manera, para que algunos puedan vivir este “progreso”
muchos otros tienen que morir o vivir en condiciones paupérrimas. Y no por que
no haya suficientes recursos, sino por que los recursos están en manos de sólo
algunos, mientras los demás luchamos por simplemente seguir viviendo.
También
existen quienes creen en el progreso como un cambio social, no sólo económico
sino completo, una sociedad más sana, más segura, más confiable, más equitativa
etc. Que en principio suena bien pero todo esto tiene como esencia dos ideas. Una,
que el tiempo está de nuestra parte y la otra, que somos nosotros quienes
hacemos estos cambios. Pero dice Bauman “Para
las personas que confían en su poder para cambiar las cosas, el <progreso>
es un axioma. Para las personas que sienten que las cosas se les van de las
manos, la idea de progreso resulta impensable. Entre estas dos situaciones tan
polarizadas hay poco espacio para un debate sine ira et studio, y menos
aún para el consenso. Henry Ford tenía quizá del progreso una idea similar a la
que expresaba acerca del ejercicio físico: <el ejercicio es una pavada. Si
eres saludable, no lo necesitas; si estás enfermo, no puedes realizarlo>”.
Así
vemos dos cosas del progreso: primero, que no es posible para todos, y segundo,
que es la confianza en tener el poder para lograr un cambio que se cree
benéfico, la confianza en uno mismo, la tranquila sensación de tener control
del presente, eso es el progreso. Por eso no es raro que hoy en día el progreso
se vea en crisis, que poco a poco se vaya desmoronando. Bauman nos da algunas
razones del porqué esto sucede. En primer lugar nos topamos con la ausencia de
un agente capaz de “mover el mundo hacia adelante”. En la sociedad actual el
problema no es contestar a la pregunta ¿Qué debe hacerse? (para lograr un mundo
mejor y más feliz) la pregunta real y problemática es ¿Quién va a hacerlo?
Todos sabemos que se tiene que acabar con la pobreza, con la corrupción, con el
capitalismo, con el consumismo etc. pero no existe alguien lo suficientemente
fuerte para hacer el cambio, y por lo mismo nadie lo intenta.
Esto
se debe en parte a que no hay a quien echarle la culpa. Durante la revolución
francesa los pobres eran pobres por culpa de la realeza, así que al matar al
rey los pobres dejaron de ser tan pobres. ¿Pero hoy en día a quien podemos
culpar? Las superestructuras están puestas de tal modo que no existe una
persona a quien culpar. Pues es la misma economía el monstruo que se está
tragando al hombre, es esta la que dicta quien tiene y quien no, es ella la que
le da todo a alguien y a otro le quita todo. Aunque hay hombres arriba, si uno
de ellos cae, otro tomará su lugar y así sucesivamente, pues no son ellos los
que suben si no la economía la que los levanta.
La
otra razón por la cual el progreso se ve desgastado el día de hoy es el
agotamiento del Estado. Antes el Estado era el que tenía el poder para
verdaderamente dirigir al pueblo, para dictar que se hacía y quien debía
hacerlo, era respetado y admirado; en cambio hoy es ridiculizado, ha perdido
credibilidad y su poder para dirigir es cada vez menor. “Mientras todos los agentes de la vida política permanecen todavía en el
mismo lugar en el que los encontró el arribo de la modernidad líquida,
aferrados como antes a sus respectivas parcialidades, hoy el poder fluye
libremente, bien lejos de su alcance. Nuestra experiencia se asemeja a aquella
de los pasajeros de un avión que descubren, ya en vuelo, que la cabina del
piloto está vacía. Citando a Guy Debord, <el centro del control ahora se ha
ocultado, y ya no lo ocupa ningún líder conocido ni una ideología clara”.
Entonces
si no sabemos quien nos guía ni económica ni socialmente, la idea de tener el
control del presente (progreso) pareciera completamente absurda. El progreso no
tiene cabida en la sociedad líquida pues en sí mismo necesita una certeza
sólida en que fundamentarse, la confianza del control, sólido que ya fue licuificado.
Es por eso que el hombre líquido no se preocupa por el progreso, no se preocupa
por tratar de tener el control del presente pues sabe que no lo logrará, camina
guiado por las masas sin saber hacia a donde lo guían.
2.6 La
incertidumbre como causa de la individualización
La incertidumbre es una parte muy notoria en la
sociedad líquida, pues al darse cuenta de que todo lo organizado, grupal o
sólido es desmoronado y rápidamente olvidado, permanece un sentimiento de
incertidumbre horrible; al no saber que sucederá mañana, al no tener nada
seguro, al saber que aquello en lo que confías hoy puede ser completamente
inadecuado para la sociedad del mañana. Bauman escribe: “este mundo, nuestro mundo moderno líquido, no cesa de sorprendernos. Lo
que hoy parece seguro y adecuado mañana puede resultar trivial, descabellado o
un error lamentable. Ante la sospecha de que esto puede ocurrir, sentimos que
—al igual que el mundo que habitamos— nosotros, sus residentes, y, de vez en
cuando, sus diseñadores, actores, usuarios y víctimas, debemos estar
constantemente preparados para el cambio; debemos ser, como sugiere la palabra
que está tan de moda en la actualidad, «flexibles».”
Al todo ser tan volátil se pierde cualquier sentido de seguridad, de
pertenencia o de continuidad. Al tener que nadar en medio de lo líquido se
pierde el piso y el sentido de
orientación, terminas sin saber a donde vas, y hasta en donde estás.
Los franceses hablan de précarité, los alemanes de unsicherheit y risikogesellschaft, los italianos de incertezza y los ingleses de insecurity.
Todos estos términos utilizados en distintos contextos quieren describir un
nuevo fenómeno propio de la sociedad líquida, un fenómeno que la simple
definición de la palabra no es suficiente. “El
fenómeno que todos estos conceptos intentan aprehender y articular es la experiencia
combinada de inseguridad (de nuestra
posición, de nuestros derechos y medios de subsistencia), de incertidumbre (de nuestra continuidad y
futura estabilidad) y de desprotección
(del propio cuerpo, del propio ser y de sus extensiones: posesiones,
vecindario, comunidad).”
Este
sentimiento tiene varios fundamentos pero uno de los más fuertes es el hecho de
que aquello que debiera darnos seguridad y protección ya no lo hace. Pongo como
ejemplo una vez más el Estado, por excelencia es quien debería proteger a la
gente, cubrir sus necesidades, asegurar su futuro, pero en estos tiempos está
tan desgastado que las promesas políticas ya no tienen validez alguna, que un
político en nuestra sociedad es sinónimo de un mentiroso. En segunda, la
policía (también extensión del Estado). Hoy en día las personas se sienten
menos seguras si hay un policía presente, se perdió toda credibilidad en ellos,
se les cree violentos, corruptos prepotentes y autoritarios; son quienes
imponen y muchas veces quiebran la ley, no quienes la defienden y protegen como
deberían. Y así como estos hay muchas otras cosas que antes nos daban seguridad
que ahora simplemente ya no son lo mismo, háblese del patrón, de los maestros,
de la iglesia, incluso del hombre mismo. Al afrontarse a todo esto lo único que
queda es el individuo.
El
individuo es ensalzado en la actualidad, una persona respetada es aquella que
logra sobresalir de los demás siendo individual. Por eso vemos a toda la juventud luchando por
su individualidad, en esa desesperada y ciega búsqueda por ser “originales” que
terminan siendo todos iguales. Y no solamente los jóvenes, en el actuar vemos
la supremacía del individuo sobre la sociedad entera. “La incertidumbre actual es una poderosa fuerza de individualización.
Divide en vez de unir, y como no es posible saber quién despertará mañana en
qué facción, el concepto de <interés común> se vuelve cada vez más
nebuloso y pierde todo valor pragmático.”
Y he aquí otro gran problema: la pragmaticidad brutal en la que se asfixia la
sociedad.
Pues
en un mundo donde lo seguro es cada vez menos evidente, donde pareciera que no
hay nada que nos proteja, lo racional sería unirnos para protegernos y
asegurarnos entre nosotros mismos. Unidos sería mucho más fácil trascender y
lograr un cambio. Sin embargo no es así, pues esto requiere trabajo, sacrificio,
razón, habilidad crítica, y desprendimiento; cosas que van completamente en
contra de una sociedad líquida como la de hoy. Por lo tanto sacrificamos eso
por lo que es práctico, lo que nos sirve. ¿Porqué luchar por ayudar a los
demás, cosa que tardaría en dar frutos, cuando se puede pisotear a los demás y
sobrevivir yo sólo? Sacrificamos lo racional por lo práctico, lo lógico y lo
mejor por simplemente sobrevivir. Es difícil nadar con los demás, así que
preferimos soltarnos para individualmente dejarnos llevar por las olas de esta
sociedad.
2.7 Empleo
en extinción
Durante mucho tiempo la manera de
subsistir del hombre (sobretodo en las ciudades grandes) ha sido el empleo. El
hombre trabaja, consigue dinero con el cual cubre las necesidades básicas de su
familia. Pero esta manera de subsistir se ve cada vez más frágil y pareciera
que en vez de mejorar su condición empeora.
Frente a la falta de empleos
tan evidente en las ciudades no de un solo país sino alrededor del mundo, el hombre trabajador se desespera y comienza
a exigir soluciones, mismas que varios gobiernos y expertos pretenden tener,
diciendo que esto es temporal, o que el avance traerá más y mejores empleos
para todos, Bauman comenta al respecto que “ mucha gente, al escuchar las opiniones evidentemente contradictorias de
algunos notables expertos y buscar una respuesta acerca del futuro de sus seres
queridos, sospecha no sin razón que, a pesar de las caras decididas de los
políticos o de la convicción de sus discursos, el desempleo en los países ricos
se ha vuelto estructural: por cada nueva vacante laboral hay varios empleos que
se han desvanecido y, simplemente no hay suficiente trabajo para todos. El
progreso tecnológico (en realidad, el esfuerzo de racionalización en sí mismo)
augura incluso menos empleos, y no más.”
La realidad es que somos demasiados, simplemente no hay empleo para todos. Y
que la mayoría de los nuevos empleos generados son mal pagados y exigen demasiado
de los trabajadores.
Viendo esto desde el punto de
vista del empresario (el patrón) esto es muy benéfico, pues como hay tanta
gente que quiere un empleo puedo exigir más de mis empleados sabiendo que lo
tolerarán para cuidar su puesto y si por alguna razón no es así, los puedo
correr sin ningún problema, sabiendo que hay cientos de personas esperando una
vacante para poder trabajar. De esta manera el empleado vive con el constante
miedo a ser reemplazado, pues ya nada te mantiene a salvo, ni un título, ni un
puesto ni siquiera un buen desempeño garantiza que permanecerás empleado pues
la seguridad laboral en la sociedad líquida simplemente no existe.
Antes, un buen trabajo era
aquel que era seguro, los contratos eran por largos tiempos, y mientras mejor
era el trabajo más largo era el contrato. Hoy en día un contrato “largo” es por
un año. El trabajo antes era pensando en el trabajador pero ahora es el patrón
quien se beneficia. La sociedad líquida se caracteriza por un consumismo
salvaje, no es de extrañarse que el área del empleo pasó de un ser a un
hacer. En las universidades nos enseñan
que para ser algo (doctor, licenciado, abogado, etc.) es simplemente necesario
hacer lo que ellos hacen y así lograr vivir la vida que ellos viven, haciendo a
un lado toda ética y todo sentido moral, y me atrevo a decir el sentido humano
detrás de las profesiones. Un ejemplo sería como nos enseñan a hacer lo que
hace un doctor, no a ser un médico. Y después de un tiempo nos topamos con el
doctor que atiende a los pacientes como si fuera un mecánico, que ve
enfermedades y no personas, que ve en sus pacientes clientes y no personas que
sufren y necesitan su ayuda. El trabajar ya no es una manera de
autorrealizarse, ya no es un medio de obtener orgullo o respeto por uno mismo,
sino un medio de supervivencia, un simple medio para conseguir bienes
materiales.
También el trabajo era visto
como un medio para sentirse realizado, por lo cual ciertos trabajos eran
considerados trascendentes pues lograban ser en cierto sentido fuentes de
orgullo y autoestima, eran considerados vocaciones. Aunque es verdad que desde
la ética laboral cualquier trabajo honesto es digno y debe ser fuente de
autorrealización con el simple hecho de lograr asegurar la subsistencia. En
cambio en la actualidad la ética laboral ha sido sustituida por la estética
laboral, donde, si la ética definía un buen trabajo al humanizar a la persona,
la estética “niega todo valor a otras
ocupaciones remuneradas que sólo aseguran la subsistencia. Se exige que las profesiones
<elevadas> tengan las mismas cualidades necesarias para apreciar el arte:
buen gusto, refinamiento, criterio, dedicación desinteresada y una vasta
educación” y viendo la realidad
vemos que estos trabajos son contados y muy difícil de conseguir y mantener; es
decir que no son para todos.
Pero esto es sólo para
aquellos afortunados en conseguir un empleo, la verdad es que, el empleo es la
única manera de subsistencia que conocemos, y simplemente ya no es suficiente;
y tendríamos que pensar, si el empleo ya no funcionara como fuente para
subsistir ¿Qué más podemos hacer? La respuesta pareciera simple, podríamos
correr el riesgo de pensar que simplemente tendríamos que regresar al modelo
anterior y decir que podríamos subsistir en granjas cosechando nuestra propia
comida. Podría sonar como una solución razonable pero, considerando que este
problema se da en las ciudades desarrolladas encontrar un terreno es muy
difícil además de costoso, así como el mantenimiento cuesta también bastante
dinero, cosa que la mayoría de la gente no tiene.
Entonces podemos ver un serio
problema a futuro, el empleo simplemente no es suficiente para que toda la
sociedad subsista. No se requiere ser un experto para darse cuenta que está de
pie, pero muy débilmente y que corre un grave peligro de desplomarse. Tampoco
se necesita ser un gran conocedor para entender que las promesas de conseguir
más y mejores empleos es una falacia, que el problema del empleo es tan grande
que ninguna persona u organización puede verdaderamente solucionarlo.
2.8 Concluyendo…
La sociedad en la modernidad
líquida licuifica todo lo que encuentra a su paso. La modernidad nos hizo
muchas promesas estableciendo cosas sólidas y duraderas, promesas que no
cumplió. El hombre, al sentirse defraudado, se fue al extremo opuesto y comenzó
a rechazar completamente todo aquello que intentaba solidificar su existencia.
Este rechazo a lo sólido fue tan
extremo, que rechazó cualquier cosa que incluso parezca sólido; cualquier cosa
que tuviera estructura, organización o
potencial de perdurar. Licuificó todo lo que había a su alrededor (Estado,
ideología, familia, religión, conocimiento, arte, comunicación, inclusive la
realidad misma) tratando de escapar de lo sólido, quedándose sin más
alternativa que nadar en el mar que él mismo creó. Lo sólido fue interpretado
como esclavitud, por lo cual luchó por “liberarse” de ello, sin saber que las
cadenas de lo líquido no solamente eran más pesadas, sino también mucho más
difíciles de escapar. Por no querer estar atado por cadenas sólidas, ahora
navega esclavizado en un mar.